Nuestra democracia tiene dos grandes desafíos: 1) la curación radical del sistema político y electoral gangrenado por la compra y venta del voto, ejemplo de lo cual es el asqueroso caso barranquillero de Aida Merlano y 2) la evolución efectiva de país centralista a país con plena autonomía regional, pues es muy aburridor que todo se decida en Bogotá. El centralismo es un estorbo al progreso nacional. Somos un país de mentalidad andina, cachaca, que ha despreciado el mar y los litorales.
Junto a estos temas gruesos, hay unos retos que el presidente 2022-2026 debe atender en el Caribe.
El hambre y la indigencia disparadas por la migración venezolana exigen crear comedores comunitarios y/o bancos de alimentos. Es doloroso ver las calles pobladas de gente sin nada que comer y suplicando una moneda.
A la comunidad costeña hay que garantizarle que la Comisión Reguladora de Energía y Gas (CREG) revise la fórmula de las tarifas de Air-e y Afinia, que se han convertido en un inclemente látigo para los usuarios.
El agua potable sigue siendo una dramática carencia costeña. Santa Marta, por su importancia turística, requiere en particular apoyo para resolver el problema del líquido.
En el cuatrienio la superación del analfabetismo tiene que ser una prioridad.
Hay que aperturar nuevas universidades o ampliar las actuales para disminuir el déficit en pregrado e incrementar maestrías y doctorados. La oferta del Sena en carreras técnicas y tecnológicas debe extenderse donde sea pertinente.
Acompañando a los entes territoriales hay que formalizar y reubicar vendedores estacionarios. La informalidad hay que reducirla.
Necesitamos avanzar en vías terciarias y distritos de riego. Esto es esencial para el desarrollo de la agricultura regional.
Es fundamental recuperar los ecosistemas, como el de la Ciénaga Grande del Magdalena y su entorno desamparado de pueblos pesqueros en la miseria.
Hay que sacar adelante la APP del río Magdalena, cuyo retraso en el gobierno de Iván Duque ha sido decepcionante. La transformación de Cormagdalena es inaplazable.
Barranquilla requiere autoridad portuaria y draga propia para mantener el calado adecuado del canal navegable, cuyos periódicos cierres generan enormes pérdidas en millones de dólares a las terminales portuarias y las empresas usuarias.
La doble vía Barranquilla-Ciénaga no puede seguir aplazándose y hay que terminar (¡por fin!) la doble calzada Barranquilla-Cartagena.
Hay que modernizar y desarrollar el transporte masivo con la incorporación de buses eléctricos y nuevas troncales.
Es indispensable el tren entre Santa Marta, Barranquilla y Cartagena (para lo cual ya hay estudios y diseños en proceso de elaboración).
Urge fortalecer los distritos judiciales, en especial el Sistema Penal Acusatorio enfocándose en inteligencia e investigación criminal para combatir las distintas modalidades del delito.
@HoracioBrieva



