En las últimas semanas he leído a unos columnistas de EL HERALDO que han llamado la atención sobre la falta de cultura ciudadana en Barranquilla. Es una queja que se repite también en distintos lados, y la exigencia me recuerda cuando en Bogotá coincidieron –en la identificación del tema– la Cámara de Comercio y Antanas Mockus como candidato a la Alcaldía del periodo 95-97.
Bogotá contó en ese momento con la suerte de un alcalde que era educador y que entendió que ser alcalde era la mejor oportunidad que la vida le había brindado para hacer una apuesta pedagógica, y la hizo con logros que aún se le reconocen. Ese no ha sido el caso de Barranquilla. Por eso nos está ocurriendo lo que escribió en una reciente columna el médico psiquiatra Haroldo Martínez: que la ciudad está modernizando su infraestructura pero la mentalidad de sus habitantes no cambia.
Desde luego, como siempre lo ha dicho Mockus, trabajar en cultura ciudadana no es algo que solo puede hacer un alcalde y un equipo de la Administración. En Barranquilla, por ejemplo, dependerá de que todo el mundo ponga un pedacito, de que tanto el Gobierno Distrital como los ciudadanos asuman los deberes que les corresponden.
La finalidad de la cultura ciudadana es que aprendamos a respetarnos los unos a los otros, que obedezcamos las normas y mejoremos en convivencia. Hay dos señales que indican que está naciendo otra actitud en Barranquilla: la alcaldesa acaba de sancionar la política pública de discapacidad en una ciudad que ha sido muy agresiva con los discapacitados, y EL HERALDO mostró también a la mandataria montada en una bicicleta, a propósito de la entrega de unas ciclorrutas, lo que quiere decir que la Administración entendió que debe sintonizarse con este medio de transporte amigable con el ambiente.
Bogotá hizo su propio experimento en cultura ciudadana, para lo cual el aporte de los mimos fue fundamental. Barranquilla tiene que hacer su propia experimentación y tal vez la clave podría ser la simbología del Carnaval. Hay que probar y ver si por ahí es la cosa. Para ello, Protransparencia y la Corporación Cultural Nave les hicimos una invitación a varios actores del Carnaval y grabamos unos cortometrajes que tendremos listos en breve. Con libretos y la cámara de Fernando Cárdenas y el sonido de Gabriel Bocanegra, hicimos unas horas de rodaje con los Gorilas de Marcos Comas y Esteban Bermúdez, el Descabezado de Wilfrido Escorcia, el Garabato y la Muerte de Magaly Salas, las Marimondas Rebelión del Barrio Abajo de José Ignacio Cassiani y Yenis Fuentes, la versión María Moñitos de Iván Varela, el Diablo de José Francisco de la Rosa y el Son de Negros de Rafael Olivo. Su colaboración fue maravillosa. Esta gente lleva el Carnaval en el corazón, en la sangre, en las vísceras.
Una anécdota para no olvidar: en un sector de Murillo, donde filmamos, una señora me esgrimió, amenazante, un palo de escoba, y sospecho que mi cara no le agradó, porque, desde el sardinel de su casa, me gritó: “¡Asesino!”. Todo por pedirle que no dejara la mierda de su galgo en la calle y tuviera cultura ciudadana.
Deja una respuesta