Por qué desistí de ser candidato

Como muchos saben, mi nombre sonó primero como posible candidato a la Alcaldía de Barranquilla y después a la Gobernación del Atlántico. Voy a contar por qué descarté ambas posibilidades.

De la búsqueda de la candidatura a la alcaldía me aparté cuando me persuadí de que no había posibilidad de unidad en los grupos alternativos. La mejor prueba de que nunca hubo voluntad para eso es que Antonio Bohórquez y Rafael Sánchez siguen cada uno por su lado. Presumo que los dos, más Diógenes Rosero, quien recientemente fue avalado por la Alianza Verde, irán hasta el final. 

Descartado el tema de alcaldía, varios amigos de la Alianza Verde me convencieron de que me inscribiera a la Gobernación del Atlántico. Lo hice el 24 de junio, un día antes del vencimiento del plazo para hacerlo. Me sumé a los ya inscritos: Alfredo Varela, Rodney Castro, Amín Ariza y Diógenes Rosero, a quien Antonio Navarro Wolff y Carlos Ramón González, copresidentes de la Alianza Verde, ya le habían sugerido que mejor aspirara a la alcaldía. En ese momento, la intención verde era avalar a Varela, de modo que mi inscripción les provocó “una encrucijada en el alma”.

El miércoles 3 de julio, el Comité Ejecutivo Nacional, presidido por Navarro, me escuchó en la sede del partido del barrio La Soledad, al frente del Concejo de Bogotá. Cuando terminé, la senadora Angélica Lozano, que estaba a mi lado, me obsequió este piropo: “Tienes una bella voz”. Yo se lo devolví: “Me fascinó tu réplica a Mauricio Gómez Amín”.  Me refería al parón que le dio al senador liberal por irrespetuoso.

Lozano insinuó  días después, en una entrevista al colega Jorge Cura, que el avalado podría ser yo. Eso entusiasmó a quienes en la Alianza Verde me respaldaban. Sin embargo, dije: “Aguardemos”. El lunes 15, yo esperé mi escogencia. El jueves 18,  a las 10 y 5 de la noche, decidí escribirle a Navarro.  “Será en otra oportunidad”, le dije.

Mi imprevisión fue no dejarles claro a los verdes que el aval debía definirse a más tardar el viernes 12, de manera que si el seleccionado era yo pudiese disponer de un margen de tiempo para resolver los asuntos de mi vida laboral y,  sobre todo, los concernientes a la organización de la campaña y la inscripción. 

La paquidermia verde en el otorgamiento de los avales evidencia que a futuro tendrán que disponer de mecanismos  más ágiles y eficientes. También de estrictos criterios de selección. Algunos me han dicho: “Así es la política en Colombia”. Sí. Pero, yo estoy acostumbrado a un estilo de trabajo que no congenia con las incertidumbres y el desorden. Una campaña hay que estructurarla con tiempo. Además, porque no es ningún Spa relajante. A Navarro me faltó decirle, copiando a Diomedes: “La demora me perjudica”.  

Ayer, al momento de escribir esta columna, el aval verde seguía en el limbo. ¡Válgame Dios! Ya veremos que nos depara políticamente el mañana.

@HoracioBrieva

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