Las fracturas de la Colombia Humana

La rebelión de Angela María Robledo, María Mercedes Maldonado y María José Pizarro y otras activistas de la Colombia Humana se ha fundamentado en que una agrupación política que condena por principios y estatutos la violencia contra la mujer no puede llevar a Hollman Morris de candidato a la alcaldía de Bogotá. Esta fue una de las razones de la renuncia de Maldonado al movimiento.

Estas insubordinaciones han desnudado la resistencia a un estilo de liderazgo que maltrata el respeto, el diálogo y la concertación. 

Tras su votación en las presidenciales, Petro fortaleció la convicción de que es el caudillo que cambiará la historia de Colombia. Y, a falta de un partido organizado que tome con él las decisiones en instancias colegiadas, traza orientaciones y lanza opiniones – generalmente por Twitter – que solo consultan sus visiones e intereses. 

De hecho, en la actual coyuntura electoral no se dedicó, con paciencia y espíritu de partido, a preparar la participación de su fuerza política. El acompañamiento a Morris fue una determinación a última hora. Antes había preferido sugerir a Alejandro Gaviria, así como otros nombres a distintas alcaldías. En Barranquilla, convidó a Alfredo Varela a postularse; después a Cecilia López Montaño. El colofón irrespetuoso fue afirmar que su hijo tuvo que ser candidato a la Gobernación del Atlántico porque “en los grupos alternativos no hubo líderes y lideresas para competirles a los Char”. Sin embargo, hay quienes creen que el muchacho sin el auxilio del apellido paterno no llegaría ni a edil.

A Petro le espera un escenario electoral nada halagüeño para sus pretensiones presidenciales del 2022. 

No hay líderes perfectos, pero quienes se han ganado un lugar en la historia lo consiguieron por sus aciertos y atributos. Churchill, por ejemplo, era adicto al alcohol y al tabaco, gruñón, sufría de autoanuladoras depresiones que lo noqueaban y caía a veces en pesimismos apocalípticos. Es un gigante, ante todo, por lo que hizo en la Segunda Guerra Mundial.  

Si Petro quiere dejar una huella transcendental en la historia colombiana tendría, entre sus retos, que refrenar las prácticas dictatoriales que siguen estropeando sus relaciones con personas muy valiosas. Recuerden a Carlos Vicente de Roux: “Petro no es un demócrata, en sus escenarios mentales solo cabe un líder grandioso y unas masas o multitudes a las que conducirá a la tierra prometida”. Recuerden también a Daniel García-Peña: “Un déspota de izquierda, por ser de izquierda, no deja de ser déspota”. 

¿Petro tiene real interés en construir un partido democrático y moderno? Tendría que demostrarlo bajándose del Olimpo, (también de las tarimas), y metiéndole planeación, gerencia, recursos (y calidez humana) a esa tarea. Si cree que puede prescindir de la construcción grupal de la política y las decisiones, terminará enterrando a la Colombia Humana.

@HoracioBrieva

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