¿ESTE ES EL CAMBIO PROMETIDO?

“Ver para creer”, como en la frase incrédula atribuida al apóstol Tomás. Tuvo que ser Petro presidente de la república para que viéramos lo que hoy estamos viendo: una pragmática copulación con el “poder político tradicional de Colombia”, aduciendo que de lo contrario era imposible gobernar al país y sacar adelante las reformas que se ha propuesto el gobierno. Claro que esa coalición de gobierno no es un matrimonio estable: es un hervidero de desacuerdos y apetitos insatisfechos que en cualquier momento podría estallar como la unión de Shakira y Piqué.

Finalizada la campaña presidencial de 2018, Gustavo Petro produjo un recio documento titulado ‘Balances y acciones después de elecciones’, donde escribió: “Demostramos que es posible derrotar el poder político tradicional de Colombia. Un poder tradicional que merece ser derrotado porque ya es incapaz de llevar a la sociedad colombiana a la modernidad, al desarrollo productivo y a la democracia que incluya a todas las personas; merece ser derrotado porque representa el sumun de la corrupción”.

Desde ese prisma, el cambio tendría que pasar por la radical construcción de un nuevo poder político que supere “el poder político tradicional”, al cual Petro le ha atribuido todos los males estructurales de Colombia.

Ese fue el discurso que Petro esgrimió, antes de ser presidente de la república, en plazas multitudinarias, en encuentros periodísticos, en redes sociales y en sus escritos.

¿Qué ha pasado en la realidad? Que ese “poder político tradicional” hace parte del ‘gobierno del cambio’. Tanto el partido liberal como el partido conservador integran la coalición oficialista, cuentan con ministros en el gabinete y conforman las enmermeladas mayorías del Congreso. Los liberales y conservadores han gobernado durante toda la república y, siguiendo el discurso de Petro, representan el “poder político tradicional” y “el sumun de la corrupción”, y son quienes se han opuesto “a la modernidad, al desarrollo productivo y a la democracia”.

El expresidente César Gaviria, “el gran impulsor del neoliberalismo y signatario del modelo de economía extractivista fósil, contradictor de las banderas del partido liberal del siglo XX”, según las implacables palabras del documento de Petro, es hoy socio del ‘gobierno del cambio’.

“Ver para creer”, como en la frase incrédula atribuida al apóstol Tomás. Tuvo que ser Petro presidente de la república para que viéramos lo que hoy estamos viendo: una pragmática copulación con el “poder político tradicional de Colombia”, aduciendo que de lo contrario era imposible gobernar al país y sacar adelante las reformas que se ha propuesto el gobierno. Claro que esa coalición de gobierno no es un matrimonio estable: es un hervidero de  desacuerdos y apetitos insatisfechos que en cualquier momento podría estallar como la unión de Shakira y Piqué.

En el citado documento, que yo he leído varias veces, Petro también escribió: “La Costa Caribe se dejó subyugar por la corrupción; por eso no ganamos”. Nunca me identifiqué con esa injusta y exagerada afirmación.  ¡Ese Caribe malmirado fue determinante en el triunfo de 2022, así como el Pacífico, es decir, los litorales!
Sin embargo, la representación del Caribe en el ‘gobierno del cambio’ no tiene hoy un peso relevante, y está por verse si Petro le cumple a la región con varios proyectos fundamentales. Particularmente, en el tema de las altas tarifas de energía no ha hecho nada significativo.

@HoracioBrieva

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