ENSEÑANZAS DE LAS COALICIONES PRESIDENCIALES

Estas coaliciones, por supuesto, no tienen el diseño anatómico de los partidos monolíticos donde las fisuras están teóricamente prohibidas. Sin embargo, hasta en estos partidos siempre hubo debates, lucha fraccional e incluso eliminación física de los rivales. Si las coaliciones presidenciales se siguen haciendo tendrán, a futuro, que acostumbrar a los electores a una dinámica de activas discusiones sobre tesis programáticas y alianzas electorales.

Como se ha reconocido, la mayor novedad de estas elecciones presidenciales son las coaliciones.
Superado el bipartidismo azul y rojo y a falta de partidos con capacidad de ganar por sí solos, surgieron las coaliciones. Que son una convergencia de visiones y propósitos entre líderes de cierta afinidad que compiten entre sí.

Estas coaliciones, por supuesto, no tienen el diseño anatómico de los partidos monolíticos donde las fisuras están teóricamente prohibidas. Sin embargo, hasta en estos partidos siempre hubo debates, lucha fraccional e incluso eliminación física de los rivales.
Si las coaliciones presidenciales se siguen haciendo tendrán, a futuro, que acostumbrar a los electores a una dinámica de activas discusiones sobre tesis programáticas y alianzas electorales. De hecho, este último componente ha sido la piedra de toque de las diferencias en todas las coaliciones.

Íngrid Betancourt, por ejemplo, se largó de la Centro Esperanza porque no estuvo de acuerdo con algunas adhesiones a Alejandro Gaviria. A mi juicio, en lugar de marcharse atropelladamente, ella debió quedarse. Y terminó de bruces cuando invitó a no votar por la CCE.

Yo creo que Gaviria debió haber aceptado de entrada, sin simulados pudores maquiavélicos, la candidatura oficial del Partido Liberal. Así sus cercanías, conversaciones y apoyos políticos se habrían visto más coherentes y comprensibles y nadie se hubiera sorprendido de que se reuniera con César Gaviria y Germán Vargas Lleras. Y quedaban dos opciones: o confluía finalmente con la CCE o jalonaba en la práctica un bloque importante del centro político.

En el Pacto Histórico, asimismo, las alianzas han causado ciertas sacudidas telúricas. En este tema, Petro, arropado astutamente en el discurso del ‘sancocho nacional’ de Jaime Bateman, ha sido pragmático porque su meta es sumar y ganar como sea y tiene a favor que en su coalición es amo y señor y su voluntad pesa mucho en la toma de decisiones. Pero está por verse, después del 13 de marzo, si le aceptan no hacer fórmula con quien le siga en votación. Si pasa de segunda Francia Márquez y hacen dúo sería un gran triunfo para ella, pues viene de obtener solo 7.897 votos en las elecciones parlamentarias de 2018 en la circunscripción afrodescendiente de Cámara que logró dos curules.

En el Equipo por Colombia el tema de las alianzas también desató tempestad, y al final se impuso el parecer de quienes, como Alejandro Char, consideraron que era mejor no tener a Óscar Iván Zuluaga en la consulta, postergando la confluencia con el Centro Democrático para después.

Es decir: hemos tenido que hacer el aprendizaje de entender el temperamento de las coaliciones. Hemos ido comprendiendo que no tienen que ser un imposible modelo de armonía. Porque la política, en esencia, es confrontación. Y teatro, claro está. Ni siquiera en el paraíso de Adán y Eva fue posible evitar la manzana de la discordia.

@HoracioBrieva

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