Por Horacio Brieva
En el afán de presentar a Barranquilla como la última coca-cola del desierto, a veces nos pasamos de maracas. Por eso, le decía un día a la alcaldesa Elsa Noguera que el estribillo de que somos la ciudad del TLC suena pretencioso, pues pareciera equipararnos con Nueva York, Berlín, Tokio, Shanghái o Londres.
Pero Barranquilla puede llegar a ser una de las ciudades más bellas de Suramérica. Nos ayudan nuestra musicalidad y alegría. Hemos tenido un boom de construcciones que le han dado un toque bacano a la ciudad. Atrás quedaron los padecimientos por el agua, el alcantarillado y el aseo, aunque la energía sigue siendo un lunarcito molestón.
Sin embargo, hay un cúmulo de cosas por hacer. Y no dependen de un héroe. Dependen de buenos líderes y de una ciudadanía que no espere milagros. Dependen de instituciones verracas, que no se dejen perratear, y no negocien ni transijan en la aplicación de la ley, sin caer en la ceguera, la intolerancia y la estupidez. Barranquilla necesita autoridad, duélale a quien le duela.
La alcaldesa tiene ese desafío. Empiezo por la sobreoferta de taxis. Hay que frenar a los particulares que viven del negocio de la reposición y tienen las concesionarias repletas de zapaticos. Que en Barranquilla han crecido como la verdolaga. Las motos tampoco pueden seguir creciendo.
Otro tema es el estacionamiento caótico en las vías. Humberto Caiafa, equivocadamente, quiso usar el área peatonal. En Nueva York y Hong Kong estacionan en forma paralela al andén. La gente paga de acuerdo con el tiempo de permanencia. Como contraprestación, debe despejarse el espacio público para evitar el rayado o el maltrato de los vehículos. En Barranquilla, no abundan las calles amplias, pero algunas servirían para esa demostración. De paso, le quitaríamos trabajo a las grúas y el Distrito recibiría un billetico.
Por lo que voy a decir, mucha gente se me vendrá encima. Asumiendo que la Triple A es una gran empresa y un gran operador, es hora de que Barranquilla se plantee recuperar ese bien público, pues no veo cómo financiar nuestro futuro desarrollo social (parques, áreas verdes, fuentes luminosas etc). Con el predial e industria y comercio y otras arandelas tributarias, nunca podremos hacer tales inversiones. Me dirán: “Miércoles, vamos a volver al esquema de las espantosas EPM”. No. No volveremos. La ciudad ha madurado y a los politiqueros los mantendremos a raya. No podemos seguir aceptando que las uvas maduras sean para unos cuantos de la Triple A, mientras a la ciudad le corresponden las verdes. No es justo, ni admisible. Triple A tiene que volver a los barranquilleros. Esto solo puede conseguirlo un liderazgo político decidido y sin rabo de paja.
Pavimentar bien la ciudad es otra cosa que debemos concluir. A los gremios de arquitectos les he oído pedir que terminemos los tramos viales inconclusos para unir la ciudad y subsanar las empanadas del pasado. De paso, no entiendo por qué la inversión en el tramo de la 51B que pasa por Makro. La ciudad tiene muchas prioridades para gastarse la escasa platica de la valorización en eso. Desarrollar la ribera del Río Magdalena es también clave. De igual modo, el Centro Ferial y de Convenciones. Y tenemos que proyectar un sistema integrado de transporte masivo y superar el remedo que hicimos. Por último: insisto en arborizar impecablemente a Barranquilla con la conciencia ecológica de la ciudadanía y el respaldo de las autoridades. En las ciudades chinas, no se ven policías en las calles, pero la gente respeta. La autoregulación es impresionante.
@HoracioBrieva

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