¡Triple A debe ser nuestra!

Hemos estado tan ocupados en el desastre de Electricaribe que no hemos tenido tiempo de ponerle la lupa a la Triple A. Después de haber vivido tres décadas de tragedia con las Empresas Públicas Municipales, entre 1960 y 1990, también nos negamos a evaluar si con la Triple A ha ganado o perdido Barranquilla. No hay duda de que ganó un mejor servicio. Pero la pérdida ha sido considerable al concesionar los servicios de acueducto, alcantarillado y aseo, y al ceder, estúpidamente, el control accionario de la Triple A. Con los ingresos que la ciudad ha dejado de percibir por la prestación de esos servicios, y que han servido para engordar las cuentas bancarias de unos cuantos personajes foráneos y locales, habríamos podido mejorar la calidad de vida de Barranquilla.

Esta desoladora conclusión se desprende del análisis de los debates que han tenido lugar en Madrid, en los que los propios administradores de Canal de Isabel II – la entidad española que tiene el control accionario de Inassa y a través de ésta de la Triple A – confiesan que la Triple A de Barranquilla representa el 66% de su negocio en Latinoamérica. De hecho, en 2015 el resultado de la empresa, después de impuestos, fue de unos $61.000 millones.

Estamos pagando la calculada perversidad de algunos alcaldes y calanchines traidores a la ciudad, que entregaron de manera burda una empresa estratégica a unos extranjeros que hoy reconocen obtener beneficios sin necesidad de hacer inversiones. Éstas recaen, exclusivamente, en hombros de las ciudades o países que han cedido en bandeja estos negocios al grupo Canal.

Como la Triple A fue convertida en una hermética empresa privada, con la anuencia local, solo hasta ahora nos estamos enterando del tamaño del daño causado a Barranquilla. Gracias a los ‘Panamá Papers’ se descubrió que el presidente de Inassa, el español Edmundo Rodríguez, poseía cuentas en Hong Kong. Fue eso lo que desató los debates al Partido Popular que maneja Canal de Isabel II, provocando la destitución de algunos funcionarios, entre ellos Rodríguez. También supimos que Ramón Navarro, gerente de la Triple A, tiene cuentas en Islas Virgenes Británicas.

La polémica en España se sustenta en el hecho de que no han llegado a la Comunidad de Madrid dineros que se han desviado de los negocios del Grupo Canal en Latinoamérica, por diversas argucias al interior de ese grupo.

Barranquilla tiene que retomar el control de la Triple A. Por la esencia de su misión, que es garantizar el ciclo vital del agua, esta empresa debe perseguir solo la rentabilidad social y garantizar su mantenimiento, en vez de la rentabilidad económica para beneficio de unos particulares, que es lo que ha venido ocurriendo con el aumento exagerado de las tarifas en contubernio con funcionarios públicos. El debate ya arrancó en España, ¿cuándo comenzará en Barranquilla?


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *