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SOBRE UN PARTIDO ÚNICO DE IZQUIERDA

Con semejantes expresiones de oportunismo es imposible un partido único de izquierda, serio, ordenado y democrático, pues habría que ser muy bobo para aceptar que unos avivatos se queden con las credenciales, los cargos públicos y los contratos, mientras a la militancia crédula y fervorosa le dejan las marchas sudorosas y las izadas de las banderas del cambio.

Mi columna ‘Falta un gran partido de izquierda’ desató  interesantes reacciones.

Álvaro Lastra cree que en Colombia, como en Estados Unidos,  no se necesita un partido de izquierda y que los que se sientan liberales de izquierda podrían encontrar un espacio en el Partido Liberal. Yo me temo que quienes se identifican con la izquierda (o con el progresismo como otros prefieren que se diga) no se ven en este Liberalismo desdibujado y enmermelado de César Gaviria. No hay ahí un Jorge Eliécer Gaitán o un Alfonso López Pumarejo que seduzca a la izquierda.

Juan Pabón dijo que mi columna era inteligente pero ilusa porque Gustavo Petro es un caudillo mesiánico y  Antonio Peña se mostró escéptico porque el presidente de Colombia jamás ha mostrado interés en organizar partidos.

Orlando Hernández cree en la pertinencia de ese partido, pero no para la competencia electoral sino para luchar y lograr reivindicaciones económicas y sociales. Raimundo Alvarado considera que Petro no tiene tiempo para impulsar un partido en 33 meses con tantos problemas encima. Valiosos estos apuntes y los que me hicieron otros  amigos como Cristóbal Padilla, a quien le parece que el tema justifica toda la atención.

Yo tengo claro que conformar un gran partido de izquierda, a partir del Pacto Histórico, es bastante difícil. Pabón piensa que si Petro toma en serio la creación de un partido organizado le haría una contribución a la democracia y le serviría para remediar sus enredos de gobernabilidad.

Destaquemos, entonces, algunas de las trabas para poner en marcha un partido único de izquierda. El mencionado caudillismo de Petro. El crónico y arrogante centralismo de la antidemocrática izquierda bogotana. Y el reprochable comportamiento de partidos como el Polo. Por ejemplo, impuso la candidatura repitente de Antonio Bohórquez a la Alcaldía de Barranquilla y la reelección de Recer Lee Pérez como cabeza de la lista cerrada al Concejo del Pacto Histórico, quedándose, de nuevo, con las dos  credenciales a nombre de la izquierda. También de manera súbita y unilateral adhirió a Alfredo Varela. Otro ventajista fue el senador Pedro Flórez, quien, con la complicidad del Polo, logró para su grupo la credencial de Asamblea de Alejandra Moreno, una subalterna suya sin pergaminos en la política.

Con semejantes expresiones de oportunismo es imposible un partido único de izquierda, serio, ordenado y democrático, pues habría que ser muy bobo para aceptar que unos avivatos se queden con las credenciales, los cargos públicos y los contratos, mientras a la militancia crédula y fervorosa le dejan las marchas sudorosas y las izadas de las banderas del cambio.

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