POR: HORACIO BRIEVA
En la serie que estoy escribiendo, mi planteamiento básico es que sin ciudadanía activa no hay gobernanza democrática, y hay ciudadanía activa cuando un gobierno promueve la participación, acepta y anima la deliberación y la crítica, entiende la importancia del protagonismo de los ciudadanos y, por supuesto, no funciona guiado por la antidemocrática concepción del ‘va porque va’, que niega la legitimación de las decisiones públicas a partir de reconocer el conflicto y la diferencia.
Para mí es inconcebible una ciudad democrática y moderna si la Administración carece de una agenda de participación. Yo espero no quedarme solitario en estas reflexiones, pues creo que lo que estoy planteando es central para el presente y futuro de Barranquilla. Construir ciudad no es solo dotarla de infraestructuras urbanas de vanguardia, en lo cual también estamos atrasados: es, fundamentalmente, formar ciudadanos mental y políticamente adultos e imposibles de mangonear.
Y deberíamos empezar por estimular a las Juntas Administradoras Locales para que cumplan las atribuciones especiales que les concede el artículo 42 de la Ley 1617, pues es inaceptable que sigamos teniendo ediles (y también alcaldes locales) puramente simbólicos que le cuestan a Barranquilla sin hacer nada. Esto, desde luego, tiene que ir de la mano de la creación de los Fondos de Desarrollo Local. Sé que a los ediles y alcaldes, desde la Administración, no los consideran aptos para gobernar y ejecutar recursos –se les mira como menores de edad–, pero creo que es hora de ir superando esa visión y de soltarles la cometa a estos servidores públicos, a quienes hay que tratar como unidades claves del proceso de descentralización territorial.
Avanzar en gobernanza democrática implica –a la vez– que la ciudad promueva dos espacios fundamentales: el presupuesto participativo y la rendición de cuentas. La democracia se concreta en el presupuesto. La experiencia de Pasto es de mostrar, y tuvo en Antonio Navarro Wolf a uno de sus adalides. Sería interesante traerlo a un foro para que nos cuente cómo ha sido este proceso en la capital de Nariño: normativamente lo valida la Ley 1551 de 2012, y algunos estudiosos de la administración pública lo comparan con el de Porto Alegre, Brasil, y el de Quito, Ecuador.
En rendición de cuentas también tenemos mucho que aprender. Estoy leyendo el Manual Único de Rendición de Cuentas, aprobado el 14 de julio de este año por un Comité Interinstitucional de la Presidencia de la República, el Departamento de la Función Pública y Planeación Nacional. Se basa en tres componentes que no se han venido atendiendo en el país y la ciudad: información veraz y completa, diálogo de doble vía entre Gobierno y ciudadanía, e incentivos democráticos para participar en el ejercicio. Yo esperaría que la Alcaldía, empezando por la Secretaría de Planeación, asimile muy bien este manual y comience a aplicarlo.
Posdata: La Silla Vacía es uno de los portales más consultados de Colombia. Agradezco que me haya integrado a su prestigioso equipo de analistas del espacio La Movida.
@HoracioBrieva
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