¿QUÉ HACER FRENTE A LA CRISIS NACIONAL?

Estoy de acuerdo con quienes creen que la actual crisis económica y social de Colombia es la peor de su historia. O una de las peores.

Porque ha desatado una violencia de aterradoras proporciones donde Cali es el epicentro telúrico. Grupos criminales han infiltrado las protestas y la ciudad se les salió de las manos a las autoridades nacionales y locales. Excesos y brutalidad también ha habido de la fuerza pública. Es un escenario que exige reacción,  unidad  y respaldo de los líderes más importantes del país, sin importar su divisa ideológica, porque la destrucción no le conviene ni a la derecha ni a la izquierda ni al centro.

El presidente de la república tiene que trabajar simultáneamente en una concertación sincera con las fuerzas políticas, gremiales y sociales alrededor de una nueva propuesta tributaria que excluya los perjuicios que Carrasquilla pretendía causarles a los trabajadores y a la clase media, y en la restauración del orden público sin afectaciones a los civiles que protesten pacíficamente.

Debo añadir que me parece muy bien que dos bloques alternativos como la Coalición de la Esperanza y el Pacto Histórico coincidan en pedirle al presidente que desmonte los beneficios al sector empresarial de la reforma tributaria de 2019, pues explican en buena parte el boquete en las finanzas públicas nacionales.

Fue una monumental temeridad del gobierno pretender imponer una reforma tributaria en un contexto de deterioro laboral y económico de las capas medias y bajas. Esto ha resquebrajado la gobernabilidad del presidente en perjuicio de su imagen y de la de su partido, el Centro Democrático, algunos de cuyos dirigentes le han echado en cara que no tuvo el acierto y el tacto político de presentar una  reforma consensuada.

Duque ha tenido una estruendosa derrota política y las expresiones de inconformidad popular constituyen un mensaje rotundo que prevalece sobre los condenables saqueos y las torpezas como el derribamiento de la estatua de Antonio Nariño en Pasto.

Esta es una crisis de complejas aristas que va más allá de la retirada reforma tributaria y el debilitado inquilino de la Casa de Nariño tiene un reto difícil: actuar con proactividad frente a la tragedia social del desempleo y la pobreza. Y proceder también con energía ante las demenciales destrucciones de los bienes públicos y privados vengan de donde vengan.

Lo que hoy más conviene a Colombia es que el gobierno acelere la inmunización y asegure una alentadora ruta de reactivación económica. Y en un escenario más estable, ya veremos quién rige los destinos nacionales en el 2022-2026. Al nuevo jefe del Estado (que para mí gusto debería ser un líder sereno pero firme como el presidente Joe Biden) se le facilitaría su tarea si encuentra un país con la esperanza y la tranquilidad recobradas y no navegando en el desencanto y el caos callejero.

@HoracioBrieva


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