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¿Perderemos también el siglo XXI?

¿Perderemos también el siglo XXI?

Después del domingo 11 de marzo, cuando de verdad arranca la campaña presidencial, vamos a ver qué candidato logra interpretar las ansias de autonomía de la Costa Caribe.

La Costa tiene que modificar su relación con el poder central. Este –históricamente– ha tenido frente a la región una actitud flemática, indolente, y en ocasiones infame, como cuando prefirió que los españoles destruyeran a Cartagena.

Juan José Nieto, el general y presidente de Colombia nacido en Tubará, cuenta que esto “causó mil males a la República y espantosos desastres a nuestra tierra”.

El otro infortunio de la Costa es que sus élites políticas aceptaron el rol subalterno que les asignaron las élites paramunas. En ese reparto de papeles las segundas establecieron que las primeras recibirían, a cambio de su obsecuencia, unos mendrugos de poder (generalmente los ministerios de menor chequera y un pedazo de la mermelada presupuestal). Las élites políticas locales se adaptaron al triste rol de comparsas de las élites cachacales. Es una realidad colonial en la que el aire de superioridad de los andinos resulta chocante. Creen que dirigir el país es algo que solo ellos pueden hacer, y nos miran como un territorio folclórico que solo produce música y carnaval y como un espacio lúdico de brisa, mar y sol.

A Bogotá, la fría cuna del poder presidencial, la palabra federalismo le produce una particular picazón. Y a pesar de que la Constitución del 91 contempla la autonomía, la resistencia a concretarla ha sido políticamente provocadora.

Ese desprecio por lo regional llevó a Nieto a decirle a Santander –en una histórica carta del 7 de agosto de 1835– que en el poder central había gente que proponía demoler las murallas y fortificaciones de Cartagena por considerarlas “innecesarias y gravosas”. Su conservación les parecía un gasto superfluo.

Los habitantes de esta región afrontamos un doble reto: escoger este año la mejor opción presidencial y hacer un revolcón político e institucional en las elecciones de 2019. Hay que elegir un presidente sintonizado con nuestras aspiraciones autonómicas y comenzar a derrotar a las élites políticas locales con una alta responsabilidad en el atraso institucional, social, educativo y económico de la región. En la mayoría de los gobiernos locales de la Costa se requiere una gerencia pública que garantice eficiencia, honestidad y resultados, y que promueva una ciudadanía informada y participante, pero, insisto, esto es imposible si no empezamos a vencer en las urnas a esas élites políticas descompuestas que no respetan los recursos públicos. Antonio Hernández Gamarra lo ha dicho en una frase impecable: “El respeto por los bienes colectivos debería ser el primer elemento de la nueva institucionalidad en el Caribe”.

Los costeños ya perdimos el siglo XX. No podemos perder también el actual.

@HoracioBrieva

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