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La velatón del viernes

Como muchos ciudadanos indignados, asistí el viernes pasado a la velatón en la plaza Esthercita Forero, que un grupo de barranquilleros convocó por redes sociales. Acudí con una doble sensación de entusiasmo y tristeza.

De entusiasmo porque no hay duda de que este país ha comenzado a ser distinto. Desde hace unos cinco o seis años diversas protestas sociales lo evidencian, y la reciente campaña presidencial sacó del letargo político a millones de colombianos, muchos de la llamada generación de los millennials. Quienes desataron esa movilización fueron Gustavo Petro y Sergio Fajardo: personificaron el cambio aunque no lograran que este se impusiera porque no consiguieron la manera de confluir para ganar la Presidencia de la República. Petro ha lanzado un código socio-lingüístico que ha denominado “resistencia”, y bajo la inspiración de esa palabra –sin que él directamente la convocara– sucedió la velatón del viernes. Sí, porque eso fue lo del viernes 6. Una manifestación de resistencia de miles de personas contra la marejada de asesinatos de líderes sociales que han venido cayendo, uno tras otro, en los últimos tres años.

Juan Manuel Santos no había reaccionado, como tenía que hacerlo, para proteger a esos líderes. Solo lo ha hecho ahora –promoviendo un pacto– ante la presión ciudadana. La cual no se debe enfriar. Los ciudadanos no tienen porqué pedirles permiso a los líderes, a los partidos y al Gobierno para manifestar su dolor, su ira y su repulsa por el asesinato de los líderes comunitarios. Por eso, lo que vi en la plaza Esthercita Forero me encantó.

Tampoco, como dije arriba, pude evitar la tristeza. Imagínense: un viernes –¡precisamente un viernes! –miles de colombianos estábamos congregados alrededor de unas velas encendidas, en un acto funerario motivado por la muerte de unos compatriotas a quienes las balas provenientes de diversas irracionalidades han enviado al cementerio. Como Luis Barrios, el exmilitar, el hombre sin miedo, el luchador social que iba siempre de frente y ponía la cara rayando incluso en la imprudencia. La noche del velatón hubo evocaciones a sus beligerancias y cruzadas palmarinas.

Alberto Brunori, representante del alto comisionado de derechos humanos de la ONU, ha dicho: “Atacar a las personas que defienden los derechos es atacar a la democracia”. Lo que buscan los asesinos es imponer el control de los territorios y las comunidades. Y lo que millones de colombianos y la comunidad internacional no van a tolerar es la impunidad. Que el Estado se cruce de brazos y se vuelva cómplice. Como cuando exterminaron a la UP. O como cuando los paramilitares arrasaban pueblos y mataban a su antojo. Ese pasado –que no hemos olvidado– no puede volver. La barbarie no puede ser la vergonzosa insignia de esta sociedad. “Que la paz no nos cueste la vida”, fue la principal consigna del velatón.

@HoracioBrieva

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