Jairo Parada, uno de los columnistas de este diario, ha venido cuestionando el unanimismo imperante en Barranquilla, es decir, la falta de crítica a la gestión del Gobierno Distrital. Pero yo no recuerdo que antes sí la hubiese. De modo que parecería ser una condición temperamental de la ciudad no navegar contra la corriente y bailar más bien al son de quienes detenten el poder local. Es lo más fácil, y a veces muy rentable.
Sin embargo, los tiempos han modificado un poco este decorado acrítico. Con el Internet las redes sociales adquirieron una majestad de veto o aprobación que no siempre es bien empleada por la prevalencia de las emociones sobre la razón y los argumentos. Y en un medio de comunicación tradicional y muy influyente como EL HERALDO, solemos opinar sobre temas de ciudad: Alfredo Sabbagh, Álvaro De La Espriella, Humberto Mendieta, Lola Salcedo, Jairo Parada, Manuel Moreno, Nicolás Renowitzky y este columnista. Cada uno desde su enfoque y en su estilo.
Claro: nunca serán suficientes las voces de los columnistas para configurar un pensamiento crítico de ciudad, ni mucho menos un contrapeso a las decisiones de los gobiernos de turno.
Recuerdo que en los tiempos de la hegemonía del cura Hoyos, solo tres columnistas nos atrevíamos a cuestionar al alcalde: Ernesto McCausland, Roberto Ferro y yo. Un día, el doctor Juan B. Fernández Renowitzky, director de EL HERALDO, viéndome tan obstinado con el derrocamiento del cura, me dijo: “Brieva, no serán las columnas de prensa las que tumben a Hoyos”. Tampoco lo tumbó nadie: ni un líder más fuerte que él, ni un partido. Se tumbó él mismo con sus fatales errores en la conducción del Gobierno Distrital y del Movimiento Ciudadano.
La experiencia me dice que los gobiernos suelen no poner la debida atención a las críticas y sugerencias; trabajan bajo el supuesto presuntuoso de que tienen la razón, y cuentan, además, con el poder seductor e intimidatorio del presupuesto.
Lo que digo, por supuesto, no invita a que los columnistas que escribimos sobre ciudad abandonemos este eje temático y claudiquemos en la crítica. Opinar no es gobernar, ni cogobernar. Y es normal tener desencuentros con el alcalde de turno, sobre todo si este es muy popular y se siente un semidios, como el cura en su momento. Pero los columnistas no podemos caer en el hipnotismo de las encuestas e inclinarnos sumisamente frente a la popularidad del alcalde, sea quien sea. Nuestro compromiso es con la ciudad. Tampoco se trata de negarle a un alcalde sus éxitos, ni de entablar con él un combate permanente.
Lo deseable sería que los partidos, el Concejo, la Contraloría, las universidades, los gremios económicos y las organizaciones sociales asumieran un rol deliberante. Así el unanimismo que critica Jairo no sería tan dominante en la ciudad. Habría disenso, debate. O sea: más democracia.
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