Berlín, Alemania, jueves 15 de junio. Desde esa ciudad, el presidente Gustavo Petro expidió un comunicado sobre las revelaciones de Semana, basadas en un informante no identificado, donde dice: “Deben ser las autoridades competentes, y no personas anónimas cuyos intereses se desconocen, las que aporten claridad sobre los procesos de investigación que se adelantan”. Este planteamiento es válido desde la óptica del poder, pero no desde la óptica del periodismo.
La historia de Watergate en Estados Unidos y otras muchas historias demuestran que las informaciones suministradas por una fuente reservada deben ser tomadas muy en cuenta por el periodismo. De modo, señor presidente, que una persona encubierta sí puede aportar muchísima claridad sobre una investigación. Quizá usted no lo sabe porque nunca ha sido reportero.
Watergate, como se recuerda, es la historia de las filtraciones a la campaña demócrata por parte de la campaña del presidente Richard Nixon, y quien pasó la información al Washington Post fue el número dos del FBI, Mark Felt, a quien apodaron el ‘Garganta Profunda’ en referencia a una célebre película porno, y cuya identidad solo se conoció 32 años después, revelada por él mismo, cuando Felt era ya un anciano de 91 años.
Estas historias escandalosas surgen casi siempre de la nada y se terminan agigantando de manera que logran producir impresionantes estremecimientos en la vida pública de un país.
En Watergate fue porque uno de los “plomeros”, que entraron a la sede demócrata a colocar micrófonos ocultos, dijo ante un juez que él trabajaba para la CIA y de ese hilo empezaron a jalar los reporteros del Post para ir tejiendo la historia. Es decir, que un aparente caso menor de crónica judicial se convirtió en un relato periodístico que produjo la caída del presidente republicano.
‘El Niñeragate’ empezó por el supuesto extravío de 7.000 dólares y un insólito polígrafo a una niñera. Y miren sus avances. Salieron Armando Benedetti y Laura Sarabia, se han denunciado chuzadas a señoras que rotularon como parte del Clan del Golfo, se dice que la plata robada es mayor y un coronel de la Policía está muerto. Es decir, es un caso que reúne todos los ingredientes para una apasionante narración: dinero, chuzadas y muerte.
El Post ganó el Premio Pulitzer en 1973 y tumbó a Nixon en 1974. Vicky Dávila asegura que su fuente reservada es real y que “se hicieron las verificaciones suficientes”. Habrá que ver, entonces, si esta película termina como la de Nixon o si la revelación solo busca destruir políticamente a Petro. Un atropello semejante a la ética periodística sería el final de Dávila y la sepultura de Semana.


