Mientras en la campaña electoral de Barranquilla nada emocionante ha ocurrido, en Santa Marta la decisión del Consejo Nacional Electoral contra Patricia Caicedo originó una gran convulsión política. Lo de Patricia fue un desafío a la ley. La izquierda hace vainas que jamás le toleraría a la derecha. Carlos Caicedo gobernando el Magdalena y la hermana aspirando a gobernar Santa Marta era una temeridad consanguínea.
Hoy me voy a detener en el próximo Concejo de Barranquilla. Quiero volver sobre la cantaleta de que necesitamos un Cabildo que haga control político. Lo he dialogado con Juan Ospino Acuña, mi amigo de muchos años que esta vez ha hecho una campaña más publicitada que varios de los candidatos a la Alcaldía.
Cada vez que hay elecciones de Concejo los analistas se enfocan en si hubo o no renovación. Este puede llenarse de caras remozadas. O lo pueden hegemonizar los veteranos. Y seguir igual. Aquí el punto fundamental es que la democracia local funcione con vigor. Por ejemplo, si Antonio Bohórquez repite la credencial de la oposición y sale de la gustosa modorra de 2020-2023, y si además logran debutar jóvenes voces intrépidas como las de Andrea Vargas, Reynaldo Torres, Tatiana Maestre y Juan Maza, tendríamos que aplaudirlo siempre y cuando contribuya a que exista un Concejo que no solo sirva para pupitrear las iniciativas del alcalde.
Oxigenaría también la democracia local que la escogencia de los concejales respondiera al voto de opinión, pues conseguirlo sigue siendo bastante difícil.
El espíritu de Aida Merlano no ha reinado de la misma forma en estas elecciones, pero la compra y venta del voto no ha sido derrotada. Haber expulsado de la política a esta mochilera no significa que hayamos acabado con el flagelo. Como matar a Pablo Escobar no representó finalizar el narcotráfico. Merlano sigue siendo un símbolo de una de las aberraciones que impide el libre ejercicio de un derecho democrático esencial: elegir y ser elegido.
El Concejo próximo, con caras viejas y nuevas, ojalá genere una dinámica deliberativa en la que el control político desempeñe el rol central que le corresponde. Sé que muchos me dirán: no seas tonto, eso es pedirle cándidamente peras al olmo. Pero hay que insistir en la cantaleta.
Cuando el Concejo me otorgó en noviembre de 2022 la medalla ‘Barrancas de San Nicolás’ por mi trayectoria de periodista, un tipo salió a decir que yo debía renunciar como director de Protransparencia por aceptar un galardón de una institución cuestionada. El que dijo eso no me conoce. Yo agradeceré siempre esa condecoración, pero no permuto mi independencia por una medalla. Y los concejales lo saben.


