Cuidado con una descarrilada

Hace unos días, el alcalde Alejandro Char convirtió en un hecho mediático el tren ligero por la calle 30. Algunos dijeron que era una cortina de humo para desviar la atención ciudadana, focalizada en la atracadera y el reguero de asesinatos.

El proyecto, en realidad, viene de los tiempos de la Misión Japonesa, y ha vuelto a sonar movido por ciertos intereses locales. Pero aún no se conoce el estudio de factibilidad. Primero ha circulado, como se volvió habitual en Barranquilla, un atractivo ‘render’ con la canción Caminito, de Bomba Estéreo.

Estas restricciones en la información coartan el debate en un tema estructural y complejo como el transporte masivo. Isidro Ruiz, una voz autorizada en la materia, expresó: “Para mí, la medida del metro ligero fue tomada a la ligera. Barranquilla tiene que dar antes otros pasos. El primero es fortalecer el sistema de transporte masivo”.

Así es. No hemos terminado de hacer bien la primera fase del Transmetro y queremos subirnos en un tren ligero. Los operadores de buses del sistema aseguran estar quebrados, una parte del parque automotor muestra deterioro, no se ha completado la infraestructura, y se afirma que la única concesión que no trabaja a pérdida es la del recaudo. No hemos avanzado en la integración del Transmetro con el transporte tradicional. No hay tarjeta única. Y la ciudad sigue siendo monocéntrica. De hecho, el tren ligero concluiría el recorrido en el Centro.

Los expertos que he consultado consideran que la propuesta del tren ligero debe abordarse en el marco de un modelo de ciudad metropolitana que aún no hemos definido, y creen que la prisa solo favorecería a un minúsculo grupo privado que podría finalizar demandando multimillonariamente al Distrito si el negocio no genera la utilidad esperada.

Otro experto, el ingeniero Víctor Cantillo, sugiere que el tema se examine con prudencia y hace unas pertinentes preguntas en torno al financiamiento de la infraestructura y el aporte del sector público. Recomienda  esperar el resultado de la consultoría sobre la integración del transporte masivo con el colectivo, y evaluar con rigor si el tren ligero es la mejor alternativa.

El alcalde hace anuncios que capturan titulares. Promete sacar los buses de la 30. Pero no es tan fácil. En Barranquilla operan 26 compañías de colectivos y 24 usan la calle 30, la arteria de mayor flujo del Caribe colombiano: por ella se movilizan a diario unas 350.000 personas, muchas provenientes de la banda oriental del Departamento, y la vía es una mezcla de congestión vehicular, alta accidentalidad, pésima señalización, insuficiencia en el espacio vial, deterioro del espacio público, indisciplina ciudadana y ausencia de planeación urbana integral.

En síntesis, el consejo al alcalde es no correr porque la carrera trae cansancio. Es mejor ir paso a paso (step by step, como dicen los canadienses).


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