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BARRANQUILLA Y EL ESPACIO PÚBLICO EFECTIVO

En ese orden, urge revisar el eje ‘Una ciudad abierta al río Magdalena’ del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) para declarar a La Loma suelo urbano de protección en lugar de entregarla a las fauces de la voracidad inmobiliaria. Es una decisión política estratégica que tenemos que adoptar para no dejar dudas de que queremos una ciudad reconciliada con la naturaleza.

Por el programa ‘Todos al parque’, que ha venido liderando la Alcaldía, la ciudad ha sido postulada a un premio internacional. ¡Excelente! Los méritos son de Elsa Noguera, Alejandro Char (II) y Jaime Pumarejo.

Los avances en el rescate de los parques son notables. Habían sido abandonados por los gobiernos locales convirtiéndose en impresentables muladares.

Los parques recuperados me devuelven a mi  adolescencia en el Parque Almendra del barrio San Roque, donde jugué fútbol y béisbol, disfruté conciertos en su concha acústica, leí libros en su pequeña biblioteca, estudié en los exámenes finales del bachillerato, comí muchas almendras y besé mis primeras novias. Era un parque bien conservado y vigilado cuando lo atendía la empresa Café Almendra Tropical. Después se transformó en un chiquero público. Y el Distrito lo tuvo que refaccionar para devolverle su original atractivo.

Pero los reconocimientos y aplausos a Barranquilla no pueden eclipsar los desafíos pendientes que tenemos en materia de espacio público efectivo. Que, en los planes distritales de desarrollo, se ha conceptualizado como la combinación de zonas verdes, parques, plazas y  plazoletas.

La ciudad tiene una extensión territorial de 16.600 hectáreas. Hoy dispone de 132 hectáreas (1.320.000 metros cuadrados) de espacio público efectivo, lo que equivale al 0,796 % de esa extensión. La meta del alcalde Pumarejo es llegar a las 200 hectáreas (2 millones de metros cuadrados). El 1,21 % de la extensión del Distrito.

Como vemos, no podemos caer en la autocomplacencia triunfalista. Porque el estándar mundial de espacio público efectivo es 1.300 hectáreas (13 millones de metros cuadrados). Y estamos a años luz de este. Si lo alcanzáramos ya querría decir que dispondríamos de 7,83 % de espacio público efectivo de la extensión territorial actual. Pero, repito, estamos en un modestísimo 0,796 %.

¿Qué debe suceder para seguir bajando el déficit acumulado de espacio público efectivo en décadas de  gobiernos locales que jamás entendieron su significación en el ordenamiento urbano?

Creo que hay que aprovechar el reencuentro con el río Magdalena – decidido hace algunos años tras darle la espalda por largo tiempo – para asegurar un masivo y placentero acceso público a la ribera occidental.

En ese orden, urge revisar el eje ‘Una ciudad abierta al río Magdalena’ del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) para declarar a La Loma suelo urbano de protección en lugar de entregarla a las fauces de la voracidad inmobiliaria. Es una decisión política estratégica que tenemos que adoptar para no dejar dudas de que queremos una ciudad reconciliada con la naturaleza.

Es muy importante, reitero, lo que hemos hecho y estamos haciendo por los parques. Pero no es suficiente. Lo que proponemos es que demos un paso audaz en la dirección de una ciudad verdaderamente ejemplar en espacio público efectivo.

@HoracioBrieva

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