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PRESIDENTE: ¡A ELEVAR EL TONO MORAL!

De Benedetti lo que se colige es que sentía que Petro no le había dado en el Gobierno un espacio acorde con su gestión en la victoria presidencial, mientras que Sarabia, su anterior subalterna, lo había superado en empoderamiento en la Casa de Nariño porque era muy “estimada y querida” por el primer mandatario, en tanto que él se aburría en la designación diplomática de Caracas.

El 7 de agosto de 2022, desde Edmonton, Canadá, seguí la posesión presidencial de Gustavo Petro. Al darles posesión a sus ministros, dijo: “Nosotros no podemos permitir la corrupción en este gobierno. Primero, porque éticamente es imposible. Segundo, porque todas las lupas nacionales e internacionales están sobre nosotros, sobre nuestras vidas personales y familiares. Porque quienes se han robado a este país quieren que nosotros hagamos lo mismo para derrocar la ilusión de la transformación”.

En efecto. Todas las lupas están enfocadas en su gobierno y el entorno familiar porque él ha sido un pregonero de la restauración moral tomada de Gaitán.

A Petro se le pueden cuestionar su personalidad o  su perfil ideológico, pero hasta hoy no se puede decir de él que sea un político corrupto.  Sin embargo, los escándalos lo han salpicado.

Por ejemplo, el de su hijo. ¿Nicolás escuchó con atención ese día las palabras de su padre? ¿Le entraron por una oreja y le salieron por la otra? ¿No le quedó claro que la corrupción puede ser de derecha o de izquierda y que ambas son igualmente detestables y condenables?

Ahora se suma el capítulo devastador de Laura Sarabia y Armando Benedetti. Será muy grave si logra demostrarse que la mujer de confianza del Presidente movía grandes cantidades de dinero en su casa, cuya procedencia debe establecerse, y  que usó a la Policía Judicial para chuzar a su ex niñera y a otra señora de labores domésticas, sospechosas de robarle plata, haciéndolas pasar como colaboradoras del Clan del Golfo, para luego intimidar, secuestrar y someter al polígrafo presidencial a la primera.

De Benedetti lo que se colige es que sentía que Petro no le había dado en el Gobierno un espacio acorde con su gestión en la victoria presidencial, mientras que Sarabia, su anterior subalterna, lo había superado en empoderamiento en la Casa de Nariño porque era muy “estimada y querida” por el primer mandatario, en tanto que él se aburría en la designación diplomática de Caracas.

Los petristas fervorosos sostienen que los medios de comunicación se han encarnizado en Petro y minimizan otros temas. Admito que tienen algo de razón. Pero ni lo de Nicolás ni lo de Sarabia y Benedetti  es una fantasía del periodismo.

No sé si será tarde ya, pero ante semejante crisis la rectificación urgente y profunda sería elevar el tono moral del gobierno, de la familia presidencial y del Pacto Histórico.  Y eso no significa que uno espere que reciten los Evangelios y pretendan mostrarse como arcángeles, pero sí están obligados a ser  paradigmas en transparencia, responsabilidad y honestidad. El cambio debió comenzar por ahí.

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