La semana pasada se hizo un interesante ejercicio de casi tres horas sobre la inseguridad, promovido por María José Vengoechea, presidenta ejecutiva de la Cámara de Comercio. Por la Alcaldía asistieron Jaime Pumarejo y Yesid Turbay, y por la Gobernación concurrió Guillermo Polo. Estos funcionarios compartieron información con directivos de Camcomercio y empresarios. Pienso que este tipo de diálogos deben servir para que empiece a mejorar la dinámica global del Sistema Penal Acusatorio, SPA, en Barranquilla.
Las instituciones del SPA no tienen hoy en la ciudad los niveles de coordinación y articulación adecuados. Eso las fragiliza más ante la ofensiva del crimen. Por tanto, tiene que haber una instancia de encuentro para la coordinación operativa.
El SPA lo conforman unos entes intervinientes: Fiscalía, Policía, CTI, Procuraduría, ICBF, juzgados penales y Defensoría del Pueblo, y unos entes no intervinientes (o indirectos): inspecciones de Policía, Inpec, Fondo de Seguridad y Convivencia del Distrito, Secretaría del Interior del Departamento, Medicina Legal, casas de Justicia y comisarías de Familia. Hay inocultables y preocupantes falencias en esta estructura del Estado en el nivel territorial.
Barranquilla ha llegado a la sensación, yo diría también que a la convicción, de que estas instituciones no están cumpliendo la misión que les asignan la Constitución y las leyes en materia de seguridad.
El bajón del alcalde en las encuestas se inscribe en esta compleja realidad. Es una expresión de la agitada inconformidad que han vivido las redes en torno a este tema. A lo que sumaría el hecho cultural de que en Barranquilla la popularidad es una cosa voluble y pasajera. En esta ciudad no hay prestigio que dure mil años. Hasta hace algún tiempo eran los medios de comunicación (televisión, radio y periódicos) los que servían de poderosos instrumentos de persuasión para que los gobernantes lograran la adhesión de la ciudadanía. Con el advenimiento de las redes sociales esto ha cambiado radicalmente, pues estas redes son autónomas e ingobernables. Nadie las maneja. Eso lo hemos confirmado, durante la ola de inseguridad en Barranquilla, en los mensajes, en las caricaturas y en la sonada canción que han cuestionado el fenómeno.
José Luis Aranguren, un lúcido filósofo español en su libro Ética y Política, escribió: “Los hombres prefieren la seguridad a la libertad”. Aranguren entendía la seguridad como un concepto integral que incluía estabilidad económica, empleo, tiempo libre, recreación, etc., siendo la protección de la vida y los bienes parte esencial de la misma. Tal vez por esto, la seguridad se convirtió en la preocupación principal de los barranquilleros, y estoy casi seguro de que estará en el centro del debate a la Alcaldía en 2019, así como la corrupción será tema cardinal de la campaña presidencial en 2018.
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