Edgardo Sojo, el nuevo presidente de Electricaribe, tras la intervención de la empresa, ha tenido la franqueza de decir que la luz se seguirá yendo y que las mejoras en el servicio solo vendrán con las inversiones en las redes locales. Sojo, un ingeniero electrónico con amplio recorrido en el sector energético, ha llegado con la apuesta de que Electricaribe deje de ser la empresa más odiada y se convierta en la más querida, para lo cual ha prometido que habrá respeto a los usuarios y atención oportuna a sus reclamos.
La principal acción de Sojo será asegurar fluidez en la caja de la empresa, lo que implica replantear la deuda con los bancos, gestionar con el sector público territorial el pago de sus deudas y comprar la energía en el largo plazo. Me produjeron una impresión agradable sus declaraciones en EL HERALDO del lunes, pero no encontré anuncios relativos al auditaje que merecen las deudas de los entes territoriales, a la tercerización laboral que impusieron los españoles, y a la sobrefacturación a muchos usuarios.
En torno a Electricaribe hay un juego de cartas. Parece un póker sangriento. La multinacional tiró su carta de notificación de controversia y el Gobierno tiró la suya con la intervención. Pero las cartas tapadas nos mantienen en la incertidumbre. El ministro Arce dice que le devolverían la empresa a los dueños cuando se recupere, y el superintendente Mendoza declara que si no logra ser viable se liquida. Todos están cañando.
Estoy entre los costeños que aplaudiríamos, por razones de utilidad social y para preservar el orden público, que se expropiara e indemnizara a la multinacional española, para luego convocar una licitación y escoger un nuevo operador –público o privado– que se sujete, este sí, como lo postula la ley eléctrica, a un contrato de concesión. Soy de los que cree que el Estado no debe vender a privados bienes estratégicos como la energía eléctrica, y menos en las condiciones en que vendieron los activos de las electrificadoras. El Estado no ha podido controlar a Electricaribe, vía contrato de concesión, pero a la hora de las crisis sí le toca poner plata para apagar los incendios, la cual sale de los bolsillos de la ciudadanía.
Respecto a la falta de firmeza frente a las multinacionales, me gustó una frase del columnista conservador Indalecio Dangond en EL HERALDO del domingo 30 de octubre: “Se ha vuelto costumbre en este país que las compañías extranjeras se pasen por la faja nuestras leyes, desacaten las decisiones de nuestras autoridades y atropellen a nuestros ciudadanos y empresarios, sin que nadie diga o haga algo. El abuso de poder y la burla de Electricaribe contra los 11 millones de costeños es apenas uno de los tantos casos de abuso que se presentan en el país por parte de estas multinacionales”. Lo admirable es que lo dice un hombre de derecha.
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