Gran tensión causó en la ciudad el funeral de una muchacha cuyo desfile mortuorio fue monitoreado desde el aire por una nave de la Policía y vigilado en tierra para evitar disturbios. La televisión hizo un gran despliegue del hecho que tuvo ribetes de película.
El hecho se enmarca dentro de los enfrentamientos de grupos juveniles, siendo los más sonados los que han dado por apodarse las ‘guerras de la lluvia’, que se convirtieron en batallas campales de piedras y armas artesanales entre muchachos bajo los aguaceros. El alcalde Alejandro Char, ante la reincidencia de estos desmanes, llegó a decir que se declaraba ‘impotente’.
Sin duda, hay un delicado problema en nuestra población juvenil que se ha venido agigantando sin que se hayan dado hasta hoy las respuestas estructurales que amerita. En 2012 empezó a gestarse un programa de la Administración Distrital llamado ‘Va jugando’ que empleó el fútbol como vehículo para trabajar con más de un millar de jóvenes en valores y mediación de conflictos. Y se obtuvieron logros valiosos en rehabilitación, capacitación, empleo y retorno al sistema escolar. Sin embargo, el programa no ha seguido en la actual administración. ‘Va jugando’ no era la panacea, pero servía al propósito de ir sacando a muchos jóvenes de situaciones de riesgo, y por eso, creo, merecía continuidad. Lo que da resultados hay que mantenerlo.
Lo que está pasando debe conducirnos a pensar qué vamos a hacer con la juventud barranquillera en riesgo. Un joven entre los 12 y 17 años de un barrio pobre necesita un tratamiento especial y alternativas que deben surgir desde el sistema escolar. Está demostrado que muchos jóvenes que derivan en pandilleros son muchachos con dificultades de aprendizaje en los colegios que no contaron con ayuda de docentes especializados; por lo general, a estos chicos no les enseñaron a manejar la frustración y a transformarla en un potenciamiento de sus capacidades.
Me parece que la secretaria de Educación, Karen Abudinén, debería trabajar este tema con los colegios que frente a los estudiantes difíciles suelen seguir el libreto equivocado de expulsarlos del sistema. Eso no resuelve nada. Y es un filón grave del problema. Otro tiene que ver con la débil oferta de las distintas instituciones del Distrito en diversos ámbitos. Por ejemplo, hay que trabajar mucho en el fomento de disciplinas deportivas que atraigan a miles de jóvenes. Aquí hay bastante por hacer.
En un país que está tratando de salir del conflicto armado hay que aprender de experiencias como la de El Salvador, donde sacaron las armas de la política con la desmovilización del Frente Farabundo Martí, pero unos 70 mil jóvenes están hoy delinquiendo en el narcotráfico. Es una generación que se perdió. En Barranquilla, tenemos la responsabilidad de que algo parecido no acontezca por falta de un sostenido esfuerzo estructural.
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