Que la carrera 38 sea una oportunidad

Como se sabe, a causa de los deslizamientos en la ladera del sector de Campo Alegre, la carrera 38, entre la calle 82 y la Circunvalar, ha estado cerrada en los últimos seis años con los consiguientes impactos ambientales, de seguridad y de movilidad. Me cuentan que hasta los moteles de Juan Mina languidecieron por el cierre.

Los mayores impactos han sido en movilidad porque se generaron presiones sobre el tobogán de Campo Alegre, que en horas pico se torna de difícil tránsito, y sobre la carrera 27, en el barrio Los Olivos, que hace varios años derivó en una activa arteria comercial. La 27 es una vía de terror debido a la endiablada circulación de buses, taxis, carros particulares, carros de mula y motocicletas, amén de los negocios instalados en esta carrera que no han construido parqueaderos y contribuyen al caos vehicular. Algunos accidentes han dejado heridos y muertos, y los carros suelen triturar perros callejeros.

La carrera 38 es una vía muy importante: conecta a Barranquilla desde el Terminal Marítimo hasta la zona franca Las Cayenas, y su reconstrucción, a cargo del Gobierno Nacional, está estimada en más de $ 300.000 millones.

Para darle estabilidad al tramo de la calle 82 y la Circunvalar se requieren unos  trabajos de ingeniería que implican instalar, tengo entendido, unos 800 pilotes en excavaciones profundas. Una parte de ellos, más de un centenar me dicen, pasarán por el centro de un conjunto residencial derrumbado que se llamó Puertas del Caribe y por unos lotes de particulares ubicados en la parte de atrás de las casas de Ciudad Jardín cuyos patios desaparecieron por los deslizamientos en la ladera.

Estos afectados son los que –representados por el abogado Roberto Tapia –están exigiendo al Distrito el pago de sus casas caídas, de sus lotes y de sus casas en riesgo. El domingo 10 hicieron una asamblea matinal a la que Tapia me invitó. Antes hicimos un recorrido por la parte de atrás de las viviendas sin patio de Ciudad Jardín. Me estremeció ver de nuevo esas residencias de estrato 5 convertidas en ruinas.  Una señora me señaló la que fuera su bella mansión –hoy destruida y abandonada– y sentí, como mías, su rabia y su impotencia.

Por supuesto, desde que comenzó la tragedia de Campo Alegre el Gobierno Distrital ha pagado muchas casas, pero aún queda un listado de viviendas y lotes que la Alcaldía debe pagar. Y la suma es cuantiosa.

La reconstrucción de la carrera 38 debe ser una oportunidad para cerrar definitivamente este capítulo de dolor y lágrimas de la clase media barranquillera. El alcalde Alejandro Char, que ha hecho cosas significativas en favor del progreso de la ciudad, debería concluir este proceso de reparación originado en un acto de irresponsabilidad mayúscula que le ha costado a Barranquilla un ojo de la cara. Irresponsabilidad que nunca más debe repetirse.


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