“Fresco, alcalde”

Un episodio reciente me sirve para introducir el tema de hoy.  Un sábado, que es el día de mayor congestión vehicular en Barranquilla, venía yo bajando por Olaya Herrera hacia la calle 72 y, de repente, se formó una cola infractora paralela a la fila. Cuando llegué al semáforo, bajé la ventanilla de mi carro y airado le reclamé a uno de los conductores violadores por su viveza. Éste me miró de reojo, y pensé que sería el comienzo de una de las tantas guerras verbales que a diario se producen en el enloquecido y enloquecedor tráfico local. Pero no. El hombre, bastante joven por cierto, con aire burlón, me dijo: “Fresco, alcalde”. En idioma barranquillero me quiso decir: “Llavecita, no sea sapo”.

El episodio al que aludo tiene que ver con una problemática que ha sido descrita como “bajo nivel de desarrollo de una ciudadanía corresponsable”, y está identificada en la Política Pública de Participación Social y Ciudadana de Barranquilla que fue socializada durante la Primera Semana de la Participación y del Voluntariado, realizada entre el 21 y el 27 de noviembre por la Oficina de Participación Ciudadana de la Alcaldía Distrital y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD.

Esta política pública fue construida en tres años bajo el liderazgo de la dependencia a cargo de Catalina Ucrós y un equipo del PNUD, hubo consultas a las Localidades y a las organizaciones sociales, es una derivación del Plan de Desarrollo de Elsa Noguera, el Concejo deberá validarla, y tiene que convertirse en un instrumento y un compromiso del Gobierno Distrital, encabezado por el Alcalde, para que empecemos a “promover una ciudadanía activa y corresponsable del desarrollo local a partir de la promoción de la cultura ciudadana y la práctica del civismo”.

Yo decía en el evento de socialización, al que fui invitado como director de Protransparencia, que el desafío ahora es que esta política no pase de ser un bello enunciado de buenas intenciones. Para ello, el Gobierno Distrital tendrá que fortalecer un tejido de alianzas y colaboración con la sociedad civil, invertir en participación y cultura ciudadana y darle más músculo presupuestal a la oficina responsable, a la que convendría incluso elevar a la categoría de Secretaría. Hoy es una entidad subalterna de la Secretaría de Gobierno.

Es una buena noticia que esta política pública se sume a otras políticas públicas que ha adoptado la ciudad, como la de juventud, la de mujeres y equidad de género y la de discapacidad. Pero la mejor noticia sucederá cuando cada una de estas políticas empiecen a servir para sacar a Barranquilla de sus niveles actuales de incivilidad, como lo expresan los miles de bárbaros episodios diarios que ocurren en esta ciudad, entre ellos el que narré arriba. Y este sustancial cambio no depende solo del alcalde de turno y unos funcionarios de la Administración. Dependerá también de lo que haga cada barranquillero. Para lo cual hay que comenzar hablando no de los derechos sino de los deberes ciudadanos, como propuso Antanas Mockus cuando puso en marcha en Bogotá su iniciativa de cultura ciudadana.


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