Cuando salíamos del Sur, el gobernador Segebre quiso mostrarnos la panorámica que se aprecia desde la bocatoma del acueducto de Suan. A la izquierda se divisa el Cerro de San Antonio, y, a la derecha, una isla formada en el centro del río Magdalena. “Aquí viviría felizmente tranquilo”, dice. Faltaban aún cuatro de las once horas de gira que Jairo Parada y yo hicimos con el gobernador, por invitación suya, el domingo 16, y que tuvo una agradable pausa –alimenticia y etílica– en la finca del concejal barranquillero Edward Chain.
La jornada arrancó a las 8 de la mañana y terminó a las 7 de la noche. Segebre nos mostró una parte del total de sus obras, que mucha gente no conoce porque el gobernador casi no cacarea sus huevos.
En Suan, por ejemplo, están en construcción 300 casas, un colegio, un Centro de Desarrollo Infantil, un centro comunitario y la sede de la Universidad del Sur. “Es un nuevo Suan”, dice el alcalde Rafael Molinares, quien, como casi la mayoría de sus colegas, ha trabajado de la mano del gobernador.
Pero el mayor entusiasmo de Segebre era llevarnos al canal de drenaje Boquitas, construido por el presidente Lleras Restrepo, y largamente tomado por la tarulla y las basuras. Tiene 18 kilómetros, finaliza en el Canal del Dique y favorece a Suan, Manatí, Santa Lucía, Bohórquez y Algodonal. En compañía de algunos de sus secretarios, de los comandantes de la Primera División y de la Segunda Brigada del Ejército, de varios ingenieros militares, de unos alcaldes, de habitantes de la zona y de los columnistas de EL HERALDO invitados, el gobernador destacó la limpieza de Boquitas –que genera múltiples beneficios como irrigar los minifundios y habilitarle al ganado un abrevadero–, la vía paralela, la electrificación rural y la estación de bombeo que hizo el Gobierno Nacional en este canal; servirá, en caso de una nueva inundación, para evacuar rápidamente las aguas. Este fantasma podría aparecer con otra Niña si no se hacen las correcciones requeridas en el Canal del Dique.
Para la limpieza de Boquitas y la vía paralela se han gastado unos $200 millones. Con un contratista privado, estas obras, asegura Segebre, habrían costado $12 mil millones. Usar la ingeniería del Ejército sale más barato. El comandante de la Primera División, general Germán Saavedra Prado, decía: “Este es un Ejército multimisional: sabe combatir y coadyuvar a las tareas del desarrollo”, y en un escenario de posconflicto esta faceta debe potenciarse.
Al caer la tarde visitamos, frente a Turipaná, la urbanización de habitantes de Tubará afectados por deslizamientos a quienes se les ha dotado de viviendas dignas, colegio aún en construcción, cancha, parque y mirador para disfrutar el espectáculo del mar. “Aquí vive una oligarquía popular”, dice en broma el gobernador. Y finalizamos en los tajamares de Salgar, casi concluidos, que se financiaron con recursos de las regalías.
Quienes aspiran a la Gobernación deberían visitar todas las obras de Segebre para tener claro qué cosas merecen continuidad y los nuevos desafíos que exige el desarrollo del Atlántico.
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