Más sobre la cuestión regional

Algunos lectores de la columna del miércoles anterior me han expresado unas opiniones que he escuchado varias veces. Una es que la pobreza y el atraso de la Costa Caribe no son culpa del centralismo. Y otra es que un modelo de Estado Regional o una especie de federalismo de nuevo tipo no resolverían tampoco el hecho de que la Costa sea hoy, comparativamente, la región más pobre del país.
Quienes así razonan sostienen que lo más importante sería que los que dirigen política y administrativamente los departamentos, municipios y distritos del Caribe colombiano, no se robaran los  dineros públicos y no los despilfarraran tanto.

A ver. El tema es complejo y no creo que alcance a resolverse satisfactoriamente en el breve espacio de una columna.

Comenzaré diciendo que yo sí creo que Colombia sería hoy un país mejor, más democrático y más equitativo si el federalismo no hubiese sido sofocado por la Regeneración que nos impuso la Constitución de 1886 y con ella un poder centralista basado en un régimen presidencial que colocó todo bajo su control.

Casi a manera de dádiva concedieron la estructura de los departamentos, pero estos ya no tenían la autonomía de los estados soberanos que disponían de su propia constitución, de su código civil y penal, de su propia administración y de su ejército, y que fomentaron el libre comercio.

No puede olvidarse, también, que una de las grandes transformaciones del federalismo fue separar la Iglesia Católica del Estado e impulsar una educación laica, científica, libre de prejuicios y dogmas religiosos.

Todo esto fue frenado por los regeneradores comandados por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro. Por eso se ha dicho que con la Constitución de 1886 se fortaleció el Estado (centralista), pero se debilitó la democracia y ganaron las élites reaccionarias.

De modo que yo sí creo que si hoy Colombia fuese un país federal dispondría de un mosaico de regiones más sólidas.

Y estoy convencido de que un modelo de Estado Regional, que otorgue mayor autonomía territorial, contribuiría a jalonar el  desarrollo de la Costa Caribe. Desde luego, eso no sería suficiente y debería estar acompañado de algo fundamental: de un cambio en la cultura política costeña; de una aprehensión de lo público por parte de la ciudadanía como un asunto que nos pertenece a todos y no se reduce a las instituciones de gobierno; de una elevación sustancial de los niveles de transparencia y de la irrupción de unas élites más comprometidas con el bien común y no proclives a lo predatorio.

En ese sentido, coincido con quienes exigen, además de mayor autonomía regional, que cesen los ‘carteles’ corruptos de todos los pelambres: de la alimentación escolar, de la hemofilia, de los enfermos mentales, de las pensiones. Además, debería desaparecer una de las mayores vergüenzas del Caribe colombiano: las elecciones basadas en la compra y venta del voto.

@HoracioBrieva

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