La Uniatlántico y sus tensiones

Este lunes, tres meses y once días después de iniciado el paro nacional de estudiantes (comenzó el 11 de octubre), la Universidad del Atlántico volvió a la normalidad académica. El estudiantado seguirá, sin embargo, en una especie de ‘alerta naranja’, monitoreando el cumplimiento del acuerdo suscrito con el presidente Duque el 14 de diciembre, el cual no dejó muy contento a un sector del movimiento universitario, pues le parece insuficiente lo pactado: el presidente habló en su Twitter de 4,5 billones de pesos para el cuatrienio.

La reapertura estuvo precedida de ciertos incidentes sin consecuencias lamentables. Afortunadamente. Le atribuyen al rector Carlos Prasca, por ejemplo, haber promovido en la mañana del 11 de enero una asamblea de unos cien funcionarios para sabotear la asamblea estudiantil de las horas de la tarde, esa sí muy concurrida. Esto originó un clima de tensiones y enfrentamientos. Prasca pretendía el regreso a clases el lunes 14. Contrariándolo, la asamblea masiva acordó retornar a la actividad académica el lunes 21 y transcurrió en un ambiente normal. Solo fue alterada un rato por la “visita” de unos encapuchados, autodenominados ‘guevaristas’, quienes leyeron un manifiesto y luego se retiraron para pelear con el Esmad en el Corredor Universitario y dañar, de paso, las cámaras externas de la universidad.

Ese 11 de enero, pasadas las 9 de la noche, los estudiantes que instalaron un campamento en la universidad durante el paro (y que aseguran no tener nexos con los encapuchados), fueron agredidos con piedras, palos y cuchillos por “los coletos de La Playa” y algunos de los llamados “estudiantes eternos”, quienes hirieron en una pierna a un estudiante y causaron destrozos materiales. El ataque se facilitó porque la universidad quedó sin vigilantes y en la semioscuridad. Minutos antes, Prasca se marchó en su camioneta. ¿Quién daría la orden?
Preocupados por su integridad, los afectados acudieron a la Defensoría del Pueblo y al secretario del interior del Departamento, Guillermo Polo Carbonell, y con su mediación el rector y los estudiantes firmaron un acuerdo.

Según me dijo una fuente oficial –que pidió no ser revelada–, para Prasca el “ataque coleto” se desencadenó porque al microtráfico le irritan los cierres de la Uniatlántico, dado que ahí cuenta con un mercado de jóvenes aficionados a la marihuana. Pero los estudiantes creen que el rector quitó la vigilancia para que los agresores desbarataran el campamento, que, en el sentir de Prasca, se había prolongado demasiado; en algún momento, incluso, se destacó en medios y redes la ingesta de licor.

Este tipo de conflictivos escenarios no se deberían repetir. Es plausible que en la Uniatlántico haya, como en todas las universidades públicas, un movimiento estudiantil enérgico, pero sin encapuchados, sin violencia y sin campamentos. Y los rectores deben ejercer autoridad pero sin extralimitarse.

@HoracioBrieva

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