Barranquilla (1992-2019)

La semana pasada, en una entrevista que me hicieron unos investigadores del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional, dije que en Barranquilla ha hecho carrera –gracias a una astuta y eficiente narrativa– la versión de que su renacimiento comenzó en 2008 con la primera administración de Alejandro Char, lo cual no es cierto. Jairo Parada lo demuestra en su columna de ayer.

Miren: Barranquilla padeció, entre 1960 y 1992, treinta y dos años de gobiernos liberales y conservadores con distintos grados de autoría en el arrasamiento delincuencial de las Empresas Públicas Municipales y de la Empresa Municipal de Teléfonos. Estas entidades, fundamentales en la productividad de las empresas y la calidad de vida de los barranquilleros, se convirtieron en fortificaciones de la politiquería y el pillaje. 

Las nuevas generaciones no saben que en el viejo Suroccidente, equivalente a una ciudad del tamaño de Santa Marta, la gente compraba el agua en carrotanques y defecaba en letrinas. Esa insalubridad mataba a los niños de gastroenteritis. Llevar allá el acueducto y el alcantarillado –a partir de 1992 con la Triple A– significó entrar en un nuevo ciclo. La telefonía fue otra pesadilla hasta que el desarrollo tecnológico proveyó, con los celulares, la solución a mediados de los años 90.

Hasta los primeros años de la década de los 90 fuimos una ciudad en estado comatoso: los servicios públicos eran ineficientes, casi la mitad de la población vivía en tugurios, los colegios y las escuelas oficiales eran un desastre, los caños una espantosa podredumbre, el pavimento una ruina y el transporte público una vergüenza.

Solo cuando la ciudad dejó de padecer el drama del agua y los infartos telefónicos, pudimos plantearnos  temas como el transporte masivo en 2001, que bosquejó el Plan de la Misión Japonesa elaborado entre julio de 1983 y marzo de 1985. Inspirados en ese plan, nos planteamos, asimismo, renovar el Distrito Central, y en ello varias administraciones han trabajado sin que este macroproyecto se haya llegado a concluir.

Si la ciudad no hubiese despegado en 1992, habría sido imposible canalizar los arroyos, mejorar los parques, construir colegios, centros de salud y nuevas vías, y modernizar hospitales y la infraestructura deportiva.

Los gobiernos de Char y Elsa Noguera han hecho una formidable inversión en infraestructura. Pero, falta muchísimo en desarrollo social, lo que implica empleo, seguridad, educación y salud de calidad, inclusión, así como instituciones distritales transparentes y democráticamente conectadas con los barranquilleros. 

Hemos avanzado. Sin embargo, continuamos siendo una  ciudad latinoamericana intermedia con variados problemas estructurales, y además rodeada de un área metropolitana preponderantemente pobre y marginal que incide en nuestros aún deficientes indicadores sociales y económicos.

@HoracioBrieva

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