Aida Merlano y el quid del problema

Tenemos que tenerlo muy claro: el lío penal de Aida Merlano es una derivación del modo de hacer política que reina en este país, fundamentado en la compraventa del voto. Su caso es singular porque se trata de la primera figura pública que envían a la cárcel por esto. Pero ella es solo un eslabón de esa cadena, y cayó en desgracia porque quedó en la mitad de unos forcejeos que aún no están públicamente relatados. De hecho, hasta hoy, solo ella ha sido condenada por concierto para delinquir agravado, uno de los delitos que se le adjudican, cuando este implica la participación de dos o más personas. Y ella no era ni la cabeza ni la persona más poderosa de ese concierto. “Al perro más flaco se le pegan las garrapatas”.

Merlano comenzó su carrera delictiva en los escuadrones de mochileros y mochileras que han depravado la democracia y que los agentes más envilecidos de los partidos políticos crearon para ganar las elecciones y usufructuar el presupuesto y la burocracia del poder público.  Administrando bien su belleza y su habilidad trepadora, logró ser diputada, representante y senadora y, de paso, acumuló un significativo patrimonio. Nada mal para una mujer que nació en un entorno social sin abolengos.

¿Cuáles deberían ser las consecuencias del caso Merlano? Liquidar el Inpec, sin duda. Dirigentes como Germán Vargas Lleras vienen pidiendo eso desde hace rato porque éste se convirtió en un ente impresentable del Sistema Penal Acusatorio. Se requiere una estructura que haga bien la labor de atender las cárceles.

Se necesita, también, que la sociedad eleve los estándares de rechazo a la compraventa del voto. Hoy fue Merlano, mañana puede ser otra u otro protagonista. Esto implica confrontar la elasticidad moral que ha ganado terreno en Colombia y que se ha expresado en las muestras de solidaridad con Merlano, a quien muchos ven como la “pobrecita que clavaron, mientras montones de políticos bandidos compran votos”. Pues no. Merlano, como cualquier político hampón, merece repudio y castigo por la compra de votos. Tampoco se puede aplaudir a los ciudadanos que venden el voto, así esgriman el argumento de que reciben la plata pero votan por el que quieran.

Por supuesto, apremia cambiar el sistema electoral. El antídoto es voto electrónico y obligatorio, financiación estatal de las campañas, listas cerradas y, como sugiere el exregistrador nacional Orlando Abello Martínez-Aparicio,  elecciones en días hábiles con transporte público gratuito en dichos días.

Presidente Duque, desde la ciudadanía, le hago una respetuosa sugerencia. Tome usted la iniciativa y convoque a todos los partidos a hacer esta gran Reforma Electoral y Política. Pasará a la historia si logra que el Congreso lo acompañe. A las nuevas generaciones hay que dejarles una democracia respetable. El quid del problema no es andar capturando a los hijos de Merlano. 

@HoracioBrieva

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