Este año no hubo luces de Navidad, pero sí un desagradable regalo decembrino del alcalde Jaime Pumarejo. El Acuerdo Distrital 0006 de 2023 que decreta alzas en industria y comercio y alumbrado público lo firmó el funcionario más apacible de la administración: Alfredo Carbonell, en calidad de alcalde encargado.
En un sustentado comunicado público los gremios económicos han expresado que estas alzas son inconvenientes en una coyuntura de riesgos recesivos, despiadadas tarifas de energía y disparados índices de extorsión. Hace rato no se veía una reacción gremial así. Me parece muy bien que los reparos a este tipo de decisiones no solo se hagan en las reuniones de juntas directivas o en los salones de los clubes sociales.
Las reprobaciones no han corrido solo por cuenta de los gremios. También han manifestado su inconformidad la Liga de Usuarios y núcleos de ciudadanos.
No es cierto que el desacuerdo con las alzas es porque los estratos 1 y 2 fueron exonerados de pagar el alumbrado público. Poner el asunto como si se tratara de una pataleta de ricos que se niegan a pagar más en solidaridad con los pobres es una burda presentación populista de las cosas.
Aquí el punto es que la reforma al Estatuto Tributario que le pupitreó el Concejo al alcalde Pumarejo atropella a los estratos medios y al sector productivo. La aprobación se hizo sin diálogo y concertación. Es decir, a puerta cerrada. Por lo tanto, tiene todas las trazas de una imposición arbitraria.
Han arreciado los cuestionamientos a Antonio Bohórquez porque si bien votó negativamente (sin que se notara) el aumento del alumbrado público a los estratos 3, 4, 5 y 6 y a los sectores industrial y comercial, no lideró, como le correspondía en su rol de vocero de la oposición, un gran debate público contra la reforma y terminó firmando el mencionado Acuerdo como segundo vicepresidente de la mesa directiva de la corporación por ser su obligación legal y reglamentaria.
Bohórquez hoy no es el mismo brioso luchador que abanderaba cruzadas por los derechos ciudadanos. Eran los tiempos en que lucía ligero de kilos y levemente demacrado. El cabildo suprimió su combatividad y lo engordó visiblemente. Y para que repitiera en el Concejo, el Polo, su partido, hizo la marrullería política que fue necesaria para imponerlo como el candidato del Pacto Histórico a la Alcaldía de Barranquilla.
Exalto la resistencia cívica que ha habido porque indicaría que en Barranquilla hay una atmósfera de mayor crítica y exigencia de transparencia. ¿Ratificará el alcalde electo Alejandro Char estas alzas que le deja Pumarejo para oxigenar las debilitadas finanzas del Distrito?


