En 2019 mi nombre sonó como precandidato a la alcaldía de Barranquilla. Y recibí la promesa de aval de la Alianza Verde. A Rafael Sánchez recuerdo que le dije que frente a Jaime Pumarejo no se debía repetir el desastre de 2015 cuando él obtuvo el 17,87% de los votos y Alejandro Char el 73,28%.
Yo era consciente de que derrotar a Pumarejo no era fácil, pero con un candidato único la competencia podía ser más equilibrada. Cuando comprendí que lo que querían mezquinamente Sánchez y Antonio Bohórquez era el premio de consolación de la credencial de Concejo, decidí apartarme.
Sin embargo, me dejé convencer de Orlando De la Hoz de que solicitara el aval verde a la Gobernación del Atlántico. También se habían inscrito Rodney Castro y Alfredo Varela y de los tres debía salir el candidato.
Los verdes anunciaron primero el aval de Diógenes Rosero, que, ante mi renuncia, obtuvo el apoyo a la alcaldía. Pero el aval de gobernación no salía y yo empecé a impacientarme porque tenía que tramitar con tiempo mi salida de Protransparencia. Dos veces me reuní con Varela y él estaba convencido de que el aval sería para mí.
Entre tanto, el día de la inscripción se acercaba y de la sede verde de Bogotá no salía humo aprobatorio. Molesto, le escribí a Antonio Navarro Wolff diciéndole que me retiraba ante la tardanza.
Lo que tenían ya cocinado se hizo público de inmediato: el candidato a la gobernación sería Nicolás Petro.
Yo dije en mi columna de EL HERALDO que la decisión verde había sido equivocada. Nunca entendí que los Navarro Wolff convalidaran eso.
Por Angélica Lozano me enteré, en 2022, que la candidatura de Nicolás había surgido para asegurarle la credencial de diputado porque el jovencito como cabeza de lista a la Asamblea tenía el rechazo de algunos líderes alternativos.
Casi toda la izquierda barranquillera cometió el error garrafal de darle rango de jefe político, solo por ser el hijo de Gustavo Petro, a un muchacho irresponsable. Y hoy la urgente e higiénica rectificación del Pacto Histórico es sustituir a Nicolás y a sus compañeros de travesuras por una dirigencia idónea y confiable que garantice probidad a sus bases políticas y a los miles de ciudadanos que con su voto ayudaron a Petro a conquistar el poder presidencial.
Este es un indecoroso episodio familiar que golpea el prestigio público de Petro. Con los días, las semanas y los meses se irán viendo los efectos en la gobernabilidad, en la agenda de reformas y en las venideras posibilidades electorales del Pacto Histórico Lamentable el final de Nicolás. El afán por el dinero y el gusto por la vida fácil lo hicieron perder el norte ético.


