Varias cosas me han encantado de Buenos Aires, la bella capital de Argentina. Tomar café en La Biela, en Recoleta, donde Borges y Adolfo Bioy Casares solían charlar; apreciar las pinturas colgadas en el Museo Nacional de Bellas Artes; visitar el Teatro Colón; caminar por Puerto Madero; pasear por La Boca y conocer La Bombonera; visitar Tigre y recorrer en lancha los ríos Luján, Sarmiento y Tigre, llenos de atractivas cabañas; pasar un rato en la Catedral del Tango; recorrer el Jardín Japonés, y beber cerveza, de las gigantes que sirven acá, en la Avenida 9 de Julio con Corrientes, frente a El Obelisco.
Buenos Aires, donde el recuerdo de Evita y Perón se siente, tiene otros atractivos: la gente leyendo libros en trenes y buses, el vino a precios accesibles, y el asado de carne en sus variados cortes.
Como en cualquier ciudad latinoamericana, hay rebusque y gente pidiendo limosna. Desde luego: en Barranquilla la cosa es más grave.
Hay tres cuestiones básicas de Buenos Aires que me han gustado: el transporte público masivo, los parques y las calles bien pavimentadas, incluyendo las amplias avenidas.
La ciudad cuenta con un sistema de trenes, incluidos los subterráneos que llaman el Subte, que conecta toda la capital y su área conurbada. Es un transporte económico a pesar de las medidas del presidente Mauricio Macri de disminuirle los subsidios, y moviliza a una considerable parte de la población. Las busetas trabajan las veinticuatro horas del día, a diferencia de los trenes que lo hacen hasta las diez y media de la noche. No recomiendo, a menos que se traiga un generoso presupuesto, tomar taxis. Las motos, que abundan especialmente en las ciudades de la Costa colombiana, casi brillan por su ausencia. Se ven algunas, pero se emplean fundamentalmente para pedidos a domicilio. Se usan mucho las bicicletas y cuentan con buenas ciclovías. El parqueo en las calles es generalizado, pero no obstruye al peatón que dispone de adecuados andenes. Circulan muchos autos particulares, sin embargo en las vacaciones de principios de año disminuyen las congestiones. Si, pese a su magnífico sistema de transporte masivo y sus calles anchas e impecables, Buenos Aires tiene problemas de congestión vehicular, ¿qué puede esperarse de Barranquilla que no ha avanzado lo suficiente en estas asignaturas?
A Buenos Aires por sus 6,2 metros cuadrados de área verde por habitante se le ha cuestionado, pues el estándar de la Organización Mundial de la Salud lo ha fijado entre 10 y 15. En materia de parques sobresalen los Bosques de Palermo con más de 80 hectáreas repletas de árboles, algunos lagos artificiales y un hermoso rosedal. A este parque la gente va a hacer picnic y deportes. Y pensar que a Barranquilla –tan lejos del estándar de Buenos Aires– quieren mutilarle el parque que debería salir del Batallón Paraíso.
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