Sigo sin entender

Ana Lucía Villa, la jefa de la Dirección de Apoyo Fiscal, es la más alta autoridad del país en finanzas territoriales. Ella, en consonancia con el anuncio que hiciera Alejandro Char durante su inscripción a la Alcaldía, ha pronosticado que la ciudad puede –en el cuatrienio 2016-2019– llegar a tener un Plan de Desarrollo de $16 billones.

Me parece excelente el pronóstico de la doctora Villa. Pero yo quiero recordar las cifras del marco fiscal de mediano plazo que elaboró la Alcaldía Distrital a finales de 2014: según este, los ingresos totales de 2016 serían de $1 billón 703.991 millones; de $1 billón 779.449 millones en 2017; de $1 billón 844.279 millones en 2018 y de $1 billón 904.302 millones en 2019. Es decir, la proyección para el  próximo cuatrienio es de $7 billones 232.021 millones.

Los ingresos totales de 2015 se proyectaron en $2 billones 220.529 millones y en los años subsiguientes disminuyen porque la Secretaría de Hacienda estimó –basada en las señales del contexto económico– que lo razonable era aplicar un factor de crecimiento de los ingresos del 4%.

Char, en una conversación muy cordial y amena con este columnista, luego de decirme sonriente que deseaba darme unas clasecitas de hacienda pública, me expresó que él tiene grandes esperanzas en las posibilidades de recursos del orden nacional. “Cuando fui Consejero para las Regiones del presidente Santos pude ser testigo y promotor de varios contratos-plan con departamentos por unos $20 billones, y, además, hay recursos de regalías que debemos canalizar”, puntualizó.

Char piensa que de los $16 billones que aspira a conseguir, 9 provendrían del Distrito, para lo cual centra expectativas en tres iniciativas claves: la asunción del catastro por parte del Distrito que hoy administra el Agustín Codazzi, las alianzas público-privadas y el replanteamiento del modelo de las concesiones.

El control del catastro le permitiría a la Alcaldía tener identificados y actualizados todos los predios y hacer progresismo tributario si se cruzara la información con la condición socio-económica de los propietarios y el tipo de construcción. Podría, por tanto, tomarse no solo el metraje a la hora de facturar el predial. Por ejemplo, habría que considerar que en la ciudad hay barrios con numerosos inquilinatos. Son casonas que han resuelto temporalmente el problema de vivienda a las familias que las ocupan, pero los  arriendos que pagan apenas sirven a los propietarios para la subsistencia familiar. No les queda mucho para pagar impuestos y de ahí los embargos de muchos inmuebles.

La doctora Villa insinuó que si se cae la estampilla pro-hospitales habría que revisar impuestos como el predial. No mencionó la plusvalía, que es una alternativa menos regresiva. ¿Habría un reajuste del avalúo catastral y, en consecuencia, un apretón en predial? ¿Una ciudad con tantas cargas fiscales podrá resistirlo? ¿Estaría dispuesta a un mayor sacrificio en medio de un momento económico lleno de nubarrones? ¿Va Char a modificar el marco fiscal de mediano plazo? Estoy dispuesto a aceptar las clasecitas en hacienda pública.


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