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El poder de la ciudadanía

Por Horacio Brieva
Uno de los portales más leídos del país ha elaborado un listado de las familias y personas – a su juicio – más poderosas de Barranquilla. Aquí y en todas partes del mundo hay ciudadanos a quienes es imposible ignorar por su poder económico y político. Claro que en un escalafón de notoriedad caben también quienes han logrado un singular espacio en la ciencia, el arte o el deporte.
Pero – en teoría – en cualquier sociedad democrática el verdadero poder reside en la ciudadanía. En la gente. En ninguna democracia se niega esto, pero los niveles de protagonismo de la ciudadanía dependen del desarrollo y madurez de la misma. En nuestra democracia, estamos lejos de tener una ciudadanía deliberante, libre, autónoma, sobre todo ahí donde imperan los poderes armados ilegales y las mafias políticas y económicas.
Sin embargo, un cambio muy importante ha habido con el advenimiento de las redes sociales. La Internet ha democratizado más a la sociedad. Ya los ciudadanos no requieren de un medio de comunicación tradicional para expresar un punto de vista, una queja o una rabia. Para eso está el Twitter o el Facebook. Hay cosas que los medios de comunicación no divulgan o no quieren divulgar, pero en las redes sociales se tratan y a veces – bajo seudónimos inclusive – con extralimitaciones en el contenido del lenguaje.
Hace años nadie hubiera podido imaginar que un expresidente de la República llegara a usar una herramienta como el Twitter, al punto que la convirtió en su principal arma comunicativa. Desde ahí ha adelantado – en gran medida – su tarea de demolición de la imagen del presidente Santos.
En Barranquilla hay que fortalecer el poder de la ciudadanía. Tomando las palabras de Tocqueville, nadie puede existir solamente en sí mismo y para él solo. El gran ideólogo francés enseñó que hay que tener “sentido de sociedad” y no ser extraños “al destino de todos los demás”. No podemos amurallarnos en el individualismo y el aislamiento. En el autismo social. La ciudad es de todos, no de unos cuantos por muy poderosos que sean. Ejemplos del poder de la ciudadanía abundan: en Barranquilla hay personajes que llegaron a ser muy influyentes – alcalde, senador – y luego quedaron en la soledad casi total cuando la ciudadanía les dio la espalda por sus errores e incoherencias. Es cierto que los líderes son esenciales, y a veces determinantes para producir cambios, pero siempre será la ciudadanía la que sustentará cualquier liderazgo.
En Barranquilla necesitamos una ciudadanía más activa. Una forma de lograrlo es estructurando una plataforma de veedurías que les hagan seguimiento a los temas de ciudad y ejerzan la crítica de manera eficaz y constructiva. Es indispensable para que haya más transparencia y más tino en la toma de decisiones. Aquí se hacen obras de cuestionada calidad – burradas – a las que hay que hacerles control ciudadano. Un destacado ejecutivo empresarial me decía que hasta en las empresas perfectas se requieren estrictos controles. Con mayor razón en Barranquilla donde no podemos bajar la guardia en la lucha contra la corrupción.
@HoracioBrieva

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