PELÉ Y MÉXICO 70

Yo comencé a tener plena conciencia de lo que significaban los mundiales de fútbol con el Mundial de México 70. A mí me gustaba mucho el fútbol, así como el béisbol y el boxeo, y todos esos deportes los practiqué callejeramente, pero ese mundial me mostró en toda su dimensión lo que era el fútbol como deporte orbital de masas. A eso, claro está, contribuyó la irrupción de la televisión a color que ponía a disposición del público las incidencias del campeonato, aunque en todas las casas no había un televisor en esa época.

Era domingo 21 de junio de 1970 y los adolescentes de entonces disfrutábamos la que sin duda fue una de nuestras mejores vacaciones escolares de mitad de año, siguiendo, partido a partido, el Mundial de Fútbol de México 70, que tuvo como principal atractivo a la sinfónica brasilera de Pelé, Tostao, Rivelino, Jairzinho, Gerson, Clodoaldo, Carlos Alberto, Brito, Piazza, Everaldo (infortunadamente fallecido el 28 de octubre de 1974, a los 30 años, en un accidente automovilístico) y Félix.

El acontecimiento, la final Brasil-Italia, ameritaba el ruidoso encuentro familiar en la amplia y bella casa de la tía Carmen, alrededor de un televisor grande empotrado en un mueble de madera color café. En la tribu familiar la unanimidad en torno a Brasil solo la rompía el tío Jaime por solidaridad con los primos Dimare, de ascendencia italiana. Por eso, el tío disidente, habitualmente ebrio, fue el único que celebró con gran alboroto el gol de Roberto Boninsegna en el minuto 37, aprovechando una falla de la defensa de Brasil.

Pero lo mejor estaba por venir. En el minuto 66, Gerson sacó un zurdazo que dejó sin ningún chance a Enrico Albertosi. El rugido fue impresionante. A partir de ese momento, Brasil fue amo y señor del partido.

Yo comencé a tener plena conciencia de lo que significaban los mundiales de fútbol con el Mundial de México 70. A mí me gustaba mucho el fútbol, así como el béisbol y el boxeo, y todos esos deportes los practiqué callejeramente, pero ese mundial me mostró en toda su dimensión lo que era el fútbol como deporte orbital de masas. A eso, claro está, contribuyó la irrupción de la televisión a color que ponía a disposición del público las incidencias del campeonato, aunque en todas las casas no había un televisor en esa época.

De la Copa Mundo 1966, en Inglaterra, mi memoria guarda el recuerdo infantil de mi abuelo materno oyendo en un pequeño radio los partidos de Brasil, que no alcanzó a pasar la fase de grupos tras sus derrotas ante Hungría y Portugal. En el de Portugal vi a mi abuelo Rosendo ensimismado en la transmisión. El héroe de ese partido fue Eusebio, a quien llamaban ‘la pantera de Mozambique’ e incluso llegaron a decir que era el sucesor de Pelé.

“Ese Mundial de 1966 fue de lo más duro que haya vivido en el fútbol”, dijo Pelé. Pero el anhelado tricampeonato lo esperaba en México 70.

La cima del delirio aquel memorable domingo 21 de junio fue el minuto 86. Pelé recibió el balón cerca del semicírculo del área penal y lo sirvió magistralmente en bandeja a Carlos Alberto que apareció como una centella por el lado derecho. Era el 4×1. Italia había sido apabullada. Al tío Jaime, ya descontroladamente borracho y furioso, poco faltó para que lo extraditaran de la reunión familiar. Nosotros queríamos mucho a los primos Dimare, pero en ese partido con Brasil era imposible que pudiéramos ser solidarios con la patria de sus parientes paternos.

@HoracioBrieva

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