Ojalá nos taparan la boca Escuchar

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El control político es una de las dos funciones primordiales de los concejos, pero el de Barranquilla, como la mayoría de estos, no la cumple hace rato. Es un Concejo obediente, según la percepción que tenemos muchos ciudadanos. Y si fuese por la medición de ese parámetro, los actuales concejales no deberían repetir. No han hecho méritos para la reelección.

Las razones por las cuales el Concejo no cumple su rol son varias. La primera es que se ha entreverado control político con oposición. Deliberadamente se ha querido hacer creer que discutir a fondo las iniciativas del alcalde, y modificarlas o incluso rechazarlas, es sinónimo de hostilidad política con el burgomaestre. Ellos saben muy bien que lo uno no equivale a lo otro, ocultando así que en verdad están en otro cuento. La segunda es que nuestros concejales dejaron de estudiar, se volvieron perezosos y renunciaron al rigor, a la profundidad, a la elocuencia. Y la tercera, que es la que explica la pasividad de ellos, es que les resultan más rentables los pupitrazos facilistas a los proyectos de acuerdo del alcalde a cambio de los beneficios económicos y/o burocráticos que negocien con este. Esto se convirtió en un carcinoma en las relaciones de los alcaldes y los concejos, y se pueden contar con los dedos de la mano los alcaldes que en Colombia han roto esa dinámica perversa.

Los gobiernos del Movimiento Ciudadano tuvieron la oportunidad de cambiar el esquema. No lo hicieron. Tampoco se han atrevido a hacerlo las administraciones de Cambio Radical ejercidas por Alejandro Char y Elsa Noguera.

Por eso no guardo ningún optimismo, pese a la variación en el balance de fuerzas al interior del Concejo, que tuvo como desenlace la elección de Óscar David Galán como presidente de la corporación.

Me alegro por Óscar David, el joven hijo de un amigo muy apreciado como Fredy Galán, fallecido hace algunos años. Sin embargo, lo que creo que podría pasar es que esta coalición sea solo más razonable en materia de solicitud de prebendas al alcalde. Pues nada hace presagiar que el Concejo ejercerá, bajo la presidencia de Óscar David, un estricto control político a la gestión distrital, y que exigirá a la Contraloría y a la Personería que desempeñen su papel. Me gustaría estar equivocado y que los concejales nos taparan la boca a quienes hemos pedido que los organismos de control hagan su labor.

Alimentaré la esperanza de que el espíritu de Fredy inspire a Óscar David para que el Concejo empiece a transformarse en una tribuna deliberativa, pues desde hace tiempo ha sido un lamentable cenáculo de componendas subterráneas entre los concejales y el alcalde de turno. En medio del nuevo escenario del Concejo, veo con expectativa la llegada de Antonio Bohórquez, cuya voz ojalá intentara revivir algo de aquellos buenos tiempos del nunca olvidado Juan B. Arteta.

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