No podemos sacar pecho en seguridad

Sería  mezquino –  y hasta políticamente estúpido –  negarle al alcalde Alejandro Char el derecho a sacar pecho por el éxito de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Pero donde no puede hacerlo es en el tema de seguridad, aunque Barranquilla, efectivamente, haya disminuido la tasa de homicidios.

El homicidio no es nuestro mayor azote. Pues del 100% de los delitos que se cometen en Barranquilla, este representa apenas el 3%.

El 97% corresponde a un universo de delitos, entre ellos, los delitos sexuales, el tráfico de estupefacientes, las amenazas, la inasistencia alimentaria, el porte ilegal de armas, la falsedad de documentos, siendo el hurto en todas sus modalidades el 30%, las lesiones personales el 15% y la violencia intrafamiliar el 6%. Estos tres delitos totalizan el 51%.

Una Barranquilla donde el hurto, las lesiones personales y la violencia intrafamiliar constituyen el 51% de los delitos, lo que  revela es que hay una ciudad que roba celulares, dinero o cualquier cosa; que protagoniza riñas con saldos de heridos y que ha perdido la capacidad de vivir en armonía familiar. Y esta problemática, sociológica y psicológicamente compleja, no la resolveremos ni con más motos y carros para la Policía, ni pavimentando calles, ni arreglando parques, ni canalizando arroyos, ni con más y mejores colegios y hospitales.

Toda esta actividad delincuencial ha venido creciendo peligrosamente, y por ello en el Distrito Judicial de Barranquilla, como he dicho, la capacidad de respuesta de la justicia penal y de la justicia cercana al ciudadano ha sido desbordada.

Por el porcentaje de jóvenes que pueblan mayoritariamente las cárceles, el punto de partida para avanzar hacia una Barranquilla segura tiene que ser el trabajo con esta población, que es la principal proveedora de los actores que protagonizan los delitos.

Hay mucho por hacer. Por ejemplo, desarrollar a plenitud  la Política Pública de Juventud del Distrito. Su aplicación permitiría, entre otros resultados, un conocimiento de la realidad de los jóvenes del que hoy carecemos, para lo cual la Alcaldía debe hacer alianzas con universidades y organizaciones con experticia en investigación social. Este conocimiento es esencial para que la Alcaldía oriente su acción y los recursos asignados a una transformación de la vida de los jóvenes.

La varilla y el cemento, no lo niego, se necesitan. La ciudad no puede abandonar sus progresos en infraestructura. Pero es imperativo darle prioridad al desarrollo humano, y, subrayo, particular atención a los jóvenes. Tenemos que salvarlos de los tentáculos del delito y la drogadicción.

Hace años, Barranquilla se volvió una ciudad nerviosa, colmada de rejas. Parece una cárcel inmensa. Tenemos que revertir esa miedosa tendencia. El día que lo logremos, todos, incluidos los alcaldes, tendremos, ahí sí, el legítimo derecho a sacar pecho.

@HoracioBrieva

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