Mi balance electoral

1. Otra vez se descacharon las encuestas. A Claudia López, por ejemplo, trataron de dinamitarla. Varias encuestas la pusieron a perder con Carlos Fernando Galán hasta por diez puntos. Señores del Consejo Nacional Electoral: en una democracia seria sobran las encuestas mentirosas.

2. Otra vez, también, afloraron las fallas de la Registraduría. Este país necesita –  ¿acaso no es evidente? – una reforma  que haga funcionar mejor la democracia electoral.

3. El gran derrotado fue Álvaro Uribe. Le sigue Gustavo Petro, a quien se le podría aplicar lo que en psicología se conoce como la negación: un mecanismo de defensa que no admite la dureza de la realidad. El domingo hubo un voto castigo a la polarización fanática. Y quedó bien posicionada la opción presidencial 2022 de Sergio Fajardo. 

4. El beso lésbico de Claudia y Angélica Lozano sacudió nerviosamente la cultura homofóbica del país. Ella es gay de frente. Y no será como los mandatarios homosexuales que se esconden en el closet. En Colombia ha habido muchos. 

5. Los triunfos de Jorge Iván Ospina, en Cali, y de Virna Johnson y Carlos Caicedo, en Santa Marta y el Magdalena, algunos se los atribuyeron a Petro. Error. Ospina es, ante todo, Alianza Verde. Y el caicedismo no es una corriente subalterna del petrismo. Quienes conocen el ego de Caicedo lo saben muy bien. (Con él, por cierto, habrá que ver que decide en segunda instancia la Procuraduría). Tampoco cayó bien que Petro se atribuyera el sorpresivo triunfo de Daniel Quintero en Medellín. Lo vieron como un gesto oportunista.

6. Los 191.302 votos del hijo de Petro (18,56%) le permiten llegar a la Asamblea. Le garantiza chamba a un pelao que estaba desempleado. Por supuesto, no se cumplió el pronóstico de quienes vaticinaron que el muchacho repetiría la hazaña de Gustavo Bell en 1991. Yo dije en una columna que entre Bell y el hijo del jefe de la CH había una distancia sideral.

7. Los 687.101 votos de Elsa Noguera (66,67%) superaron la meta de 600.000 que se había trazado su campaña. Elsa aplastó al retoño de Petro sacándole 495.799 votos de diferencia. Se evaporaron 248.801 votos de los 440.103 de la CH en la segunda vuelta presidencial. Una cosa es el papi y otra el niño. 

8. Jaime Pumarejo no tuvo competencia. Sin embargo, sus 309.300 votos no superaron los 355.844 de Alejandro Char en 2015. El charismo perdió tres alcaldías del área metropolitana. Soledad es la derrota más emblemática. 

9. En Barranquilla, los votos en blanco y los no marcados suman 155.804. El blanco fue segundo con 79.852. Los tres candidatos alternativos lograron 106.206 votos.  Catastrófico lo de Rafael Sánchez. Pasó de 86.790 votos en 2015 a 19.749. Perdió 67.041 votos. No le ayudó mucho la valla donde parecía un monje tibetano. 

10. Desastrosos los resultados de los alternativos en Asamblea, Concejo y JAL de Barranquilla, y en Concejos y Alcaldías del Atlántico.

@HoracioBrieva

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