EL ECOCIDIO DE CIUDAD MALLORQUÍN

Si las alcaldías de Barranquilla y Puerto Colombia se hubiesen puesto de acuerdo para hacer un gran parque en la verde zona boscosa de Argos, que ha sido talada para construir edificios, produciendo un ecocidio, habrían tenido que comprarle a esta empresa para realizar algo similar al parque Simón Bolívar de Bogotá o los Bosques de Palermo en Buenos Aires.

Desde que Jaime Pumarejo anunció la recuperación de  la Ciénaga de Mallorquín (que en su alcaldía ha tenido algunos adelantos, faltando todavía mucho por  hacer, como por ejemplo el llamado Tren Mallorquín), creció el interés de los urbanizadores y constructores por desarrollar proyectos de vivienda en ese entorno. Como Ciudad Mallorquín.

Es un proyecto de unos 11 mil apartamentos que ocupará 53 hectáreas del enorme bosque seco tropical en la frontera entre Barranquilla y Puerto Colombia, muy cerca de la Universidad del Norte.

El pedazo de bosque intervenido con fines de urbanismo es de Argos y los edificios los levantan poderosas empresas como Amarilo, Constructora Bolívar, Constructora Colpatria, Conaco y Marval.

El área delimitada, tengo entendido, no es área protegida. Y hay quienes señalan que el hecho de que Argos esté de por medio asegura que habrá amplias zonas verdes, senderos peatonales, ciclorutas, alcantarillado pluvial y magníficas vías. Lo que yo no logro digerir es esto: el bosque donde se construye hace parte del ecosistema de la Ciénaga de Mallorquín y se está utilizando un trozo de ese pulmón para expansión urbana.

Surge entonces el pertinente dilema de hasta dónde llega el urbanismo, que implica desarrollar nuevos espacios, y hasta dónde el ambientalismo, cuya filosofía es la preservación de lo verde.

Argos, obviamente, es una empresa privada que hace negocios para ganar plata, sin dejar de cumplir con los estándares de responsabilidad social. Y es claro que ha decidido vender unos lotes que se volvieron oro en polvo para nuevos avances inmobiliarios (al tiempo que ha entregado las correspondientes cesiones obligatorias gratuitas para parques y el proyecto de la Ciénaga de Mallorquín).

Si las alcaldías de Barranquilla y Puerto Colombia  se hubiesen puesto de acuerdo para hacer un gran parque en la verde zona boscosa de Argos, que  ha sido talada para construir edificios, produciendo un ecocidio, habrían tenido que comprarle a esta empresa para realizar algo similar al parque Simón Bolívar de Bogotá o los Bosques de Palermo en Buenos Aires. ¿Por qué se habría justificado esa compra? Pues porque ese bosque seco tropical, como dije arriba, hace parte del ecosistema de la Ciénaga de Mallorquín, donde particularmente el alcalde Pumarejo ejecuta su principal apuesta del cuatrienio 2020-2023, en el marco de la estrategia de biodiverciudad.

Por supuesto, el gancho de ventas de las constructoras es vivir cerca a la Ciénaga de Mallorquín y contemplar su majestuosa belleza. Tremendo negocio.
Ciudad Mallorquín es solo un mordisco al inmenso bosque seco tropical del norte de la ciudad que se extiende a Puerto Colombia. Ojalá no lo destruyan para “sembrar” edificios. Que es lo que se ve venir a menos que asumamos una férrea postura ambientalista y no permitamos que desaparezca esa valiosa fuente de oxígeno. Los barranquilleros y porteños tienen la palabra.

@HoracioBrieva

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