¿Controlar las redes sociales?

Al ritmo que va, Antonio Zabaraín, el senador charista de Cambio Radical, amenaza con convertirse en la versión masculina de María Fernanda Cabal, su colega del Centro Democrático, por cuenta de sus atrevimientos retóricos, el último de los cuales fue afirmar en la W Radio que algo hay que hacer en Colombia para controlar las redes sociales, a propósito de su desacuerdo con la iniciativa ciudadana de reclamar la renuncia del Fiscal General de la Nación. La frase mereció una caricatura de Matador: graduó a Zabaraín de ‘detective de la división contra los memes’.

Lo que el senador sostiene es que las redes se han constituido en una trinchera del irrespeto, de los ataques infundados, de la mentira, y en esa caracterización tiene parte de razón, pero se equivoca en la salida. Zabaraín se va por el atajo de la censura.  Quiero citarle lo que escribió Antonio Albiñana en su última columna dominical de El Tiempo, titulada ‘Redes sociales y democracia’: “…el Parlamento Europeo ha decidido que lo más conveniente para atajar el uso nocivo de las redes son los programas educativos y la autorregulación, sin excluir luchar contra los contenidos delictivos y las interferencias en el funcionamiento de la propia democracia”.

No dudo que Zabaraín estaba en su derecho de rechazar la solicitud de renuncia del Fiscal, pero esa motivación no justifica su propuesta de meter en cintura legal a las redes, pues eso va en contravía de lo que políticamente están pensando los países más civilizados y democráticos del mundo y del derecho a la libertad de expresión que garantiza la Constitución colombiana. Qué tal: ¡un supuesto representante del pueblo contra un derecho  fundamental!

Es cierto que las redes le han entregado un inmenso poder a los ciudadanos con solo tocar el teclado de un celular, y que de ese poder están abusando a diario millones de personas en Colombia y en el planeta, pero esas redes, producto de la revolución tecnológica, le han conferido también a la democracia deliberativa, un vigor, una fuerza sin antecedentes en la historia humana, y solo el tiempo traerá consigo una autorregulación más responsable. Por ahora, hay que aguantarse a las redes con todos sus defectos emotivos. Y Colombia no será la excepción.

Por lo demás, la iniciativa cocinada en las redes de exigirle la renuncia al Fiscal, que el viernes pasado tuvo su expresión en las calles de las principales ciudades d

el país, es perfectamente válida aunque haya tenido excesos como quemar innecesariamente la bandera de la Fiscalía. La institución está más allá de Néstor Humberto Martínez, que es a quien se está cuestionando por el caso Odebrecht.

Y si lo que está buscando el senador Zabaraín es pantalla, lo está consiguiendo. Seguramente las redes terminarán adoptándolo como uno de los personajes más divertidos de la folclórica política nacional.

@HoracioBrieva

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