Alfredo, 15 años después

Casi 15 años después del asesinato de Alfredo Correa de Andréis, el Consejo de Estado ha dicho que su captura, el 17 de junio de 2004, fue injusta. Un parapeto montado con testigos falsos. Lo sindicaron de ser comandante de las  Farc. ¡Válgame Dios! Eso a él solo habría podido ocurrírsele en Carnaval. Para mamar gallo. No en la realidad.

Alfredo era sociólogo (y agrónomo, pero nunca, creo, ejerció esa profesión). Política e ideológicamente siempre estuvo del lado del pensamiento democrático y progresista. Jamás lo oí haciendo apología de la lucha armada, y fue uno de los intelectuales más pacíficos que he conocido. Su impecable honradez era otro de sus atributos.

A Alfredo no lo mataron por guerrillero. Ese calificativo fue una perversa invención del paramilitarismo y en su cómplice fabricación intervinieron el DAS y la Fiscalía, en particular el exfiscal Demóstenes Camargo, actual magistrado de la sala penal del Tribunal Superior de Barranquilla, como lo han recordado en sus valerosas columnas del domingo pasado Claudia Ayola y Lola Salcedo, dos colegas con los ovarios bien puestos.

A Alfredo lo mataron por sus investigaciones en temas de desplazamiento, y en esa época (2004), tal vez más que hoy, era muy peligroso abordar esa tragedia que azotó a millones de colombianos. Uno de sus trabajos versó sobre los desplazados en Barranquilla. Él quería mostrar que había una invisibilización del tamaño del fenómeno. Un subregistro deliberado de los desplazados de la tierra para que a muchas familias se les escamoteara luego su derecho a la devolución.

Los paramilitares –que habían agenciado una colosal contrarreforma agraria a sangre y fuego– no querían intrusos husmeando en esa problemática. Y, para ellos, Alfredo era eso: un intruso incómodo y había que quitarlo del camino como fuese. Se inventaron entonces la fábula macabra de que era comandante de las Farc. En Barranquilla, por supuesto, nadie que conociera a Alfredo se comió ese churrasco envenenado. Sobre todo porque sus emprendimientos investigativos no fueron una temeridad personal. Tengo entendido que su último texto tuvo el patrocinio de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), y que concurrieron las universidades locales donde Alfredo era docente.

Semanas antes de ser baleado nos encontramos en un conversatorio, y me pareció raro que se limitara, silencioso, a tomar apuntes, pues él siempre pedía la palabra y bromeábamos por su tendencia a hablar extenso, aunque sintetizaba muy bien y usaba un lenguaje exacto y pulcro. Por la enorme estimación que le tuve a Alfredo, me complace que el fallo del Consejo de Estado haya ratificado lo que sabíamos desde el día que lo apresaron arbitrariamente: que era inocente. Fue víctima de una infamia asquerosa.

PD: La bacanería barranquillera ha sufrido una gran baja con la muerte de Rafa Montaño, el popular ‘Nito Show’.

@HoracioBrieva

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